El mundo desarrollado copia las recetas de la Argentina

Reportando desde Palermo, Buenos Aires.

El martes pasado, mientras iba en mi auto a hacer un trámite, tuve la oportunidad de escuchar en forma completa la cadena nacional, que se impuso en todas las radios de la Argentina, para comunicar las palabras de la presidenta: Cristina Fernández de Kirchner.

No recuerdo qué estaba anunciando ni por qué se realizó la cadena nacional. Pero sí recuerdo perfectamente las opiniones que la presidenta de los argentinos hizo respecto a lo que está pasando en el mundo desarrollado y, específicamente, en la Argentina.

Con mucha fuerza y elocuencia, Cristina relató algunas de las situaciones que le tocó vivir en la última cumbre, realizada en México, del llamado Grupo de los 20, que reúne a las economías avanzadas y emergentes más importantes del mundo. Dando ejemplos, citando charlas informales que ella tuvo con otros presidentes y mostrando cifras, ella concluyó que el mundo está aplicando la receta, que también aplica la Argentina, para superar la crisis global.

Es decir, defendió la política económica del Gobierno argentino mostrando que los países desarrollados están aplicando la misma política que viene desarrollando nuestro país desde hace años. Inclusive, la presidenta dijo que en la actualidad los países más desarrollados están planeando redoblar la apuesta y gastar y emitir cada vez más billetes.

El único y más importante objetivo, relataba la presidenta, es incentivar el consumo para que se mueva la economía. Cueste lo que cueste. Y resaltaba que ella no iba a claudicarse de esa senda jamás.

Esto que estoy resumiendo en algunos pocos párrafos, por supuesto, duró más de media hora de palabras y le confieso que me generó sensaciones y reflexiones encontradas.

Por un lado me quedé impactado por la fuerza y la capacidad de oratoria que tiene nuestra presidenta. Sí, ya sé, todos la conocemos desde hace años y esto no tendría que sorprenderme…

Pero lo concreto es que sí me sorprendió, ya que por momentos el discurso me atrapó casi completamente. No le digo que estuve cerca de estar de acuerdo con la presidenta, pero por algunos instantes sí me animé a dudar de mis puntos de vista.

Es que en las historias que contaba la presidenta había tantos personajes, situaciones atractivas y conductas heroicas, que era difícil no identificarse con ella.

Por un lado estuvieron las preguntas que le hizo Cristina al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. Según relataba, ella se animó a preguntarle cuál era el la relación de la deuda respecto al PBI de su país y cuántos bancos estaban quebrados en España. Si Cristina quería tocar una herida abierta, mejor pregunta no se le podía haber ocurrido…

Imagino a Rajoy tartamudeando y en silencio, masticando bronca y ante este silencio, imagino a Cristina diciéndole que Argentina tiene una deuda inferior al 50% del PBI y que los bancos están en perfecto estado. Además, ofreciéndole asesoramiento para enseñarle cómo poder lograr esto en España…

O el intercambio y las situaciones tensas con el Primer Ministro de Inglaterra, que también contaba Cristina en su relato, o la camaradería que seguramente se dio con la presidenta de Brasil en la cumbre.

En fin, todas situaciones que incluyen personajes buenos, malos y conductas heroicas. Un trío difícil de superar en cualquier best seller de suspenso…

Pero luego de superar este estado de cierta excitación, equivalente a estar mirando la mejor película de acción o estar leyendo la novela más atrapante, me puse a pensar sobre la visión del mundo que tiene nuestra presidenta. Y me preocupé.

El mundo está totalmente “argentinizado”. Eso es cierto, Cristina tiene razón en ese punto.

¿Qué implica que el mundo esté “argentinizado”? Principalmente se refiere al hecho de financiar grandes déficit fiscales y de cuenta corriente con cada vez más deuda y cada vez más emisión de billetes.

Esta receta, que los argentinos conocemos muy bien y que tantas veces fue la protagonista de enormes crisis en nuestro país, está siendo la responsable de la enorme crisis que está viviendo el mundo desarrollado desde el año 2008.

Estados Unidos financia su déficit incalculable con billones y billones de dólares de deuda y nueva emisión monetaria. Europa es más nueva en esta moda, pero está con ganas de superar a Estados Unidos. Para rescatar a los países europeos casi quebrados, Europa emite cada vez más euros.

Y lo concreto es que hoy hay muchos países emergentes que son más seguros que los países desarrollados. Se han invertido los modelos que teníamos en nuestra cabeza hasta la década pasada.

Y esto está muy claro en el siguiente cuadro que muestra cuánto representa la deuda de cada uno de los países sobre su producto total en un año (PBI) y cuándo representa el resultado financiero anual, dado por la diferencia entre ingresos y egresos del país (Saldo presupuestario) sobre el producto también.

Vamos a las cifras:

¿Cuáles eran los países tradicionalmente más seguros del mundo? Estados Unidos, Italia y Japón podrían estar en ese grupo sin dudas. Ahora, mire los números de cada uno de esos países.

Estados Unidos está por superar el 100% en su ratio de deuda. Esto implica que su deuda total es mayor a su producto de todo un año. Pero lo más preocupante es su nivel de gasto. Estados Unidos tiene un déficit anual de casi el 10% de su producto en el mismo período.

Italia está peor aún. Su deuda supera su producto anual y esto la asfixia. Si bien su nivel de gasto es alto en proporción a su PBI, éste no llega a los increíbles niveles de Estados Unidos.

Japón es un mundo aparte. Es difícil entender cómo un país puede vivir con un nivel de deuda tan alto y un déficit tan descontrolado. Pero bueno, eso será tema para otra nota…

Piense el nivel de deuda y gasto de un país en términos de una familia. ¿Usted estaría cómodo debiendo tanto dinero? ¿Usted estaría cómodo gastando tanto más que sus ingresos? ¿Le gustaría tener la necesidad de tener que agarrar su agenda todos los fines de año para ver a qué familiar o amigo puede llamar para pedirle plata para llegar a fin de año?

A mí, por supuesto que no. Y no veo la diferencia de por qué a un país le puede llegar a gustar esta situación.

Le hago otra pregunta: si su vecino lo llama y le pide plata, pero antes le aclara que le debe el 100% de su ingreso al vecino de enfrente y que, aparte, todos los meses le falta pagar el 10% de sus gastos porque no le alcanza el sueldo, ¿usted le prestaría dinero?

Salvo que sólo quiera ayudar y que no quiera recuperar su dinero, nadie accedería a realizar ese préstamo.

Por ello, que nuestra presidenta esté contenta porque los países desarrollados  están aplicando políticas económicas que los llevaron a una situación financiera en la que ninguno querría estar y que festeje por el hecho de que se estén tomando estas mismas medidas en la Argentina, me parece algo insólito. Y, por supuesto, preocupante.

Me encantaría que un país como la Argentina tenga como modelos económicos a países como Chile, Perú, Suiza o Corea del Sur. Países donde la deuda es pequeña, pero más importante: los ingresos son más altos que los gastos todos los meses. Pueden ahorrar. Pueden armar un patrimonio que los proteja en momentos de crisis. Y de esta forma pueden lograr la verdadera independencia financiera.

Más allá de estas coincidencias entre las políticas argentinas y las del mundo desarrollado, si usted se toma el trabajo de leer la Declaración de los Líderes del G20 de la semana pasada, se va a dar cuenta que en realidad el mundo de los países del G20 no está tan de acuerdo con las políticas que está tomando la Argentina  en este momento (Si no tiene nada que hacer el fin de semana puede leer la declaración completa aquí…).

Sobre todo con respecto a las políticas concernientes al libre comercio. Los líderes del G20 resaltan que están buscando el libre comercio y la eliminación del proteccionismo en todo el mundo. Por supuesto que esto no implica que realmente lo estén haciendo, pero por lo menos hacen una declaración bien clara respecto a este punto. Apoyan el libre comercio entre todas las naciones como una forma de asegurar el crecimiento a largo plazo de las economías.

Bueno, Argentina está en la senda contraria en este aspecto. Existen pocos países del mundo, con la importancia que tiene la Argentina, que implementen políticas tan restrictivas y proteccionistas como las que tomó la Argentina durante los últimos meses. Políticas de limitación del comercio que lo único que están haciendo es detener aún más la economía y provocando el cierre de empresas y negocios en todo el país.

Comparo la “excitación” que tenía yo al principio del discurso de la presidenta con la “desazón” que me quedó luego de pensar un poco más sobre sus palabras y me queda la sensación de que nuevamente Argentina está ante una oportunidad perdida.

Estamos ante un mundo desarrollado que está quebrado. Los inversores de estos países, que tradicionalmente miraban sólo al mundo desarrollado para proteger sus ahorros, ahora no les queda otra alternativa que mirar a otros países. Están buscando desesperadamente un lugar para invertir. Para proteger su dinero ante la irracionalidad de los Gobiernos centrales.

Con sólo comportarse de una forma responsable y aplicar políticas sostenibles en el tiempo, Argentina tendría que estar recibiendo un caudal de inversiones impresionante. Tendríamos que tener el problema inverso del que tenemos ahora, nos tendrían que sobrar los dólares.

No tendríamos que tener lugar para recibir tantos dólares y euros enviados por millones de inversores globales, asustados a lo largo y ancho del mundo, que querrían invertir en nuestro país…

Y más teniendo en cuenta la fuerza, el liderazgo, la valentía y el enorme poder de seducción de nuestra presidenta. Una mujer que aguanta desafíos de todos los sectores, que no le tiene miedo a nadie, que puede discutir mano a mano con cualquier líder del mundo y que tiene la capacidad de transmitir ideas y convencer de una forma asombrosa.

Todo este poder utilizado en pos de construir el futuro de un país a 20 o 50 años sería algo imposible de detener. El problema es que todo ese poder se utiliza para construir el futuro de un país pensándolo en el corto plazo, teniendo en mente un futuro de sólo unos pocos meses. Lamentablemente, la economía argentina ya está mostrando las consecuencias de ello.

ALGUNOS PENSAMIENTOS ADICIONALES…

Es sorprendente mirar el esfuerzo que está haciendo el Gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, para no pelearse con el Gobierno nacional. A pesar de todas las críticas y provocaciones que recibe, el Gobernador parece ser un “monje sen” que no reacciona ante nada.

Es que sólo quiere conseguir la “ayuda” que le permita pagar los sueldos y aguinaldos del mes de julio en su provincia. Y está dispuesto a aguantar todo con tal de conseguirlo.

Pensando en términos financieros, la provincia de Buenos Aires no tiene independencia. Necesita de los recursos que le pasa la Nación para vivir. Y esto, por supuesto, la condiciona, le quita libertad.

La misma libertad que pierden aquellas personas que viven endeudadas y que gastan más de lo que ganan todos los meses. En definitiva el atractivo de invertir nuestro dinero está justamente en eso. En lograr independencia financiera. En lograr libertad para hacer lo que queramos cuándo queramos y sin depender ni pedirle un favor a nadie.

Para eso las personas invierten su dinero. Y para ello usted seguramente se toma el trabajo de leer nuestras “aburridas” columnas todos los fines de semanas. Desde InversorGlobal, por supuesto, estamos totalmente focalizados en ayudarlo a recorrer ese camino hacia la libertad financiera para  hacérselo más fácil.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore.
Para Inversor Global.

P.D.: El lunes sale la nueva edición de la Revista InversorGlobal del mes de julio. En la nota de tapa que llamamos “Sean eternos los laureles, las claves para invertir en Argentina hoy” le mostramos que a pesar de todo: se puede invertir en el país  y se puede lograr la independencia financiera que tanto Daniel Scioli como todos nosotros deseamos. Para verla, haga clic aquí si aún no es suscriptor.

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