Bienvenido al mundo del revés

El mundo atraviesa la peor situación económica y financiera desde la posguerra. Con las economías desarrolladas muy debilitadas, tanto política como económicamente, y con los países  emergentes mostrando una desaceleración en sus tasas de crecimiento, el futuro inmediato no luce muy promisorio.

En estas situaciones de desconcierto generalizado, donde se atraviesan experiencias nunca antes vividas, la previsibilidad que pueden aportar los hacedores de políticas a nivel mundial podría transformarse en un bien muy preciado para encauzar la situación.

Está claro que la crisis no será resuelta de un día al otro, pero que si las medidas que se anuncian son creíbles entonces las probabilidades de éxito en el mediano plazo tienen a incrementarse considerablemente.

En definitiva, lo que los inversores buscan no es más ni menos que credibilidad.

Mientras que en el mundo se intenta generar esa confianza, aunque con bastante desprolijidad por cierto, en Argentina parecería que nuestros gobernantes no han tomado debida nota.

El inversor argentino se encuentra a la deriva y seguirá caminando por este sendero por mucho tiempo, según lo que puede percibirse.

Lo anterior no se trata de una opinión, sino que hay elementos fácticos que corroboran esta situación. Para ser concretos, repasemos algunos acontecimientos que refuerzan este comportamiento.

A inicios del año 2008, la actual administración gobernante abrió la posibilidad de que quienes aportaban su jubilación al sistema previsional privado, AFJPs, pudieran optar libremente entre este sistema y el estatal, argumentando la necesidad de respetar la libertad de elección de los aportantes. Al no encontrar los resultados esperados, en octubre de ese mismo año, el Gobierno decidió estatizar coercitivamente el sistema de AFJPs, sin hacer alusión a los derechos y libertades que gozaban los trabajadores del país.

Ustedes dirán que se trató de una situación excepcional dada la severa crisis financiera global que se presentaba como una seria amenaza para la estabilidad económica argentina. Es cierto si se tratara de una conducta aislada. Sin embargo, este tipo de comportamientos inconsistentes se han vuelto cada vez más reiterativas a lo largo del tiempo.

La expropiación de la petrolera YPF es un claro ejemplo de lo anterior. Tras incesantes ataques contra la empresa que tuvieron lugar a inicios de 2012, una semana antes del anuncio de la expropiación de la firma, un importante integrante del Gabinete nacional aseguraba que no se buscaba que la empresa quedara en manos del Estado, sino que se apuntaba a incrementar la producción del crudo. Tres días antes de la expropiación, el Gobierno negó rotundamente que el borrador de ley de expropiación que circulaba en el Congreso fuese de su autoría. Finalmente, YPF fue expropiada entre bombos y platillos.

Y hay más…

Las restricciones impuestas  en el mercado cambiario para comprar dólares a partir de noviembre en pos de frenar la fuga de capitales habían sido presentadas como unas medidas transitorias. Muchos políticos afines al Gobierno señalaron que quién tenía todos sus papeles en regla podían comprar libremente la cantidad de divisas que quisiera. Sabemos que esto no es así.

La última gran contradicción tuvo lugar en la llamada “pesificación” de la economía. Ante la falta estructural de dólares en la economía, las versiones sobre una pesificación de todas las transacciones se hicieron muy fuertes, hasta que la semana pasada un alto funcionario negó rotundamente la existencia de este plan. Esta semana se presentó el proyecto pesificador en el Congreso.En dicho proyecto, se incluye un cambio en una cláusula por la cual se pueden pagar contratos que originalmente han sido celebrados en dólares con pesos argentinos al tipo de cambio oficial.

Rápidamente se encendieron las alarmas entre los “valientes” inversores que han apostado a invertir en bonos argentinos. ¿Me van a pagar en pesos argentinos al tipo de cambio oficial en vez de dólares cuando los bonos venzan?

No, la máxima autoridad del Poder Ejecutivo señaló que se respetarán las monedas en las cuáles los bonos han sido emitidos. Considerando todo lo descripto anteriormente, ¿usted confía 100% en esta última aseveración?

En definitiva, el inversor argentino lidia permanentemente con estas señales difusas, confusas y contradictorias y está perfectamente entrenado para poder hacer buenos negocios aún en esta coyuntura. De todos modos, el hecho de moverse en un escenario de permanente incertidumbre termina por erosionar la confianza en las instituciones locales, ya sean de carácter político, como también económicas o financieras.

La moraleja es que no debe creer en todo lo que escucha ni en todo lo que se escribe. Desde InversorGlobal el mejor consejo que le podemos dar es que secapacite para luego tomar sus propias decisiones de inversión siendo el mejor guardián de sus ahorros y sin ninguna influencia nociva.

Un saludo,

Diego.

Deja tu respuesta