Un gran Jubileo de deuda para sanar la economía global

“Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia”.
Levítico, 25:10.

¿Recuerda la película El club de la pelea? Si no la vio, le hago un mínimo resumen:

Dos amigos abren una especie de club de box clandestino donde la pelea termina en el momento en que uno de los oponentes se rinde. Es sólo con las manos, nada que ver con peleas del tipo “Todo vale” o salvajadas por el estilo. En el fondo, es un asunto de caballeros. 

Pero la cosa va más allá. Liderados por Brad Pitt, el grupo deriva en una especie de comando anarquista que se pone por propósito destruir el sistema financiero global. La forma de lograrlo es poniendo bombas en las sedes de los principales bancos y entidades de crédito. De esta forma se borrarían los registros de crédito, generando un gran borrón y cuenta nueva para toda la sociedad. 

Si no la ha visto, no le contaré el final. 

Esta no se trata de la única manifestación de la cultura popular que ha tratado el tema en la última década. En 2009, en un capítulo de la serie satírica South Park, uno de los personajes recibe una tarjeta de crédito sin límites para ocupar como le plazca. ¿Se lo imagina? Ir con el plástico a la tienda de BMW y salir manejando hasta Mar del Plata para alojarse en el mejor hotel de la ciudad. Luego tomarse un avión y recorrer el mundo… 

Bueno, lo que hace Stan, el personaje de la serie con la dichosa tarjeta, es un poco diferente. Con el plan de reactivar la alicaída economía del pueblo, usa la tarjeta para repagar las deudas de todos sus habitantes. De esta manera, todos comienzan a gastar nuevamente, poniendo en funcionamientos las ruedas de la maquinaria económica. 

“Cuando fue emitida, la idea parecía una sátira graciosa”, escribió a comienzos de este año Jennifer Ablan en una nota de Reuters. “Ahora ya no parece un chiste. Para nada”, añadió.

En la tradición hebrea, el Jubileo es un año especial marcado por el perdón de los pecados y la remisión de las deudas. En la Ley de Moisés dice que debía celebrarse cada medio siglo y que durante ese año el jefe de hogar tenía como misión traer a casa a sus miembros ausentes, que las propiedades embargadas debían retornar a sus dueños anteriores, los esclavos debían ser liberados y las deudas… ser condonadas. 

Históricamente hablando, en el año 2.400 antes de Cristo el rey sumerio Enmetena declaró una cancelación general de deuda dentro de su reino. Según los historiadores, fue la primera vez que se ocupó la palabra “libertad” en un documento legal. De hecho, la primera palabra usada para expresar la idea de libertad es la sumeria “amargi”, que literalmente significa “retorno a la madre”, debido a que encerraba la idea de permitir a los esclavos su retorno a casa. 

La Iglesia Católica Romana se hizo eco de la tradición, celebrando el Año Jubileo una vez cada cuarto de siglo. La última vez que fue en 2000 y, en Latinoamérica, Chile fue la sede de una reunión mundial de jóvenes que atrajo a decenas de miles de participantes de todo el mundo. 

Ahora, ¿por qué hablar de películas, series de televisión, historia y religión? 

Todo tiene que ver con todo y es que hoy se escuchan voces cada vez más fuertes que piden una suerte de gran condonación de deuda que permita a la economía global un tremendo “borrón y cuenta nueva”. 

Con la crisis de las deudas soberanas siendo un mero síntoma de la causa profunda de la crisis económica de Occidente -un crecimiento desenfrenado de las deudas privadas respecto de los niveles de ingreso, con los grandes banco controlando todo-, aún es dable esperar correcciones mayores a las que hemos visto hasta ahora. Por ejemplo, en la década de 1920, antes de la Gran Depresión, la deuda privada en Estados Unidos era de 50% del ingreso. 

En 2009 era de… 140%. 

En este sentido, el economista australiano Steve Keen, que venía advirtiendo desde mediados de la década pasada que esto causaría una crisis mucho mayor a las vividas en los años 70 y principios de los 90, propone que los bancos deberían condonar todas las deudas provenientes de préstamos irresponsables, y cuyos efectos continúan siendo un lastre para la reactivación económica.  Y no es que Keen esté solo gritando entre los manifestantes de Occupy Wall Street. Ideas similares han manifestado economistas influyentes dentro del establishment, como Stephen Roach, de Morgan Stanley.  Roach dice que una medida de este tipo significaría un gran acuerdo entre los tenedores de bonos, los bancos y los consumidores. “Un gran corte de pelo” que arregle los problemas subyacentes de la economía, plantea. 

Del otro lado, la postura contraria es predecible. Que la cura podría ser peor que la enfermedad y que no hay garantías de que una condonación a gran escala implique una aceleración del crecimiento económico. El argumento es que un “perdonazo” podría alterar tanto el comportamiento de los consumidores como disminuir la confianza en los bancos, lo que a la larga daña la confianza en la economía en sí. “Cualquier deuda es al mismo tiempo un activo”, escriben Martin Hutchinson y Robert Cyran enBreakingnews. “Entonces, al simultáneamente un dólar que ya no es necesitado para pagar deuda podría ser destinado al consumo, este dólar es recortado del fondo de capital de un banco o del valor neto de un inversor, lo que al mismo tiempo implica una sustracción de recursos y confianza”, analizan. 

La idea del Jubileo de la deuda indica que las condonaciones se dan, no porque los gobernantes sean buena gente, sino que porque en ciertos momentos podría significar la única salida de una economía entrampada por la deuda, y que es mejor abordar el tema de forma pacífica y ordenada que como lo que se vivió, por ejemplo, en Argentina en 2001. Se podría decir que Argentina tuvo su Jubileo en 2002, cuando la devaluación asimétrica bajó los costos de producción en moneda extranjera y permitió, a los industriales que contaban con dólares, pagar sus deudas en pesos con mayor facilidad. Sí, licuó el poder adquisitivo de los asalariados, pero permitió la reactivación económica del país. 

Luego vinieron otros problemas, pero eso es otra historia.

Buen fin de semana.

Felipe. 

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