Se escribe el epitafio para el dinero en efectivo

En marzo de este año Canadá cortó por lo sano y decidió eliminar su moneda de un centavo. Aunque el metal aún es válido si uno quiere comprar algo, los comercios deberán ir entregando lo que vayan recibiendo al Royal Canadian Mint, la casa de moneda canadiense. Y, tal como en Argentina, redondear los vueltos a 5 centavos cuando den cambio. A esto se suma que en el largo plazo la Royal Canadian Mint espera remplazar otras monedas y billetes por una moneda digital denominada MintChip. Según indica el Toronto Star, “a la larga, el MintChip permitirá a la gente realizar pagos utilizando directamente sus smartphones, dispositivos USB, computadoras, tablets e incluso a través de la nube de internet. La moneda digital será anónima y servirá para buena parte de las transacciones pequeñas, tal hoy funciona el efectivo”. 

Aunque muchos la consideran sin sentido, o incluso una broma, la competencia para desarrollar software para Mintchip atrajo a 500 solicitantes en cuatro días. Mientras tanto, Barclays ya ha desarrollado un sistema en Gran Bretaña denominado PayTag, que permite a sus usuarios realizar pagos pasando una calcomanía colocada en sus celulares por un lector. Sería el sentido contrario del escaneo de código que uno hace con un smartphone y que de a poco gana terreno en Argentina.

A la hora de preguntarnos los porqués, el gran motivo son los costos. Según el Gobierno canadiense, el costo de producir cada nueva moneda de un centavo es de 1,6 centavos. Y la inflación acumulada también produce su impacto, ya que el centavo hoy sólo retiene una vigésima parte de su adquisitivo original, y en términos prácticos es poco lo que sirve. Para muchos canadienses, recibir monedas de un centavo es más que nada una molestia. 

El economista Stephen J. Dubner destacó en su blog Freakonomics que una vez que se toman en cuenta los costos de los bancos de manejar todas esas monedas de baja denominación, el centavo se convierte en una carga aún más pesada. En 2006, el manejo del centavo le costó a la economía canadiense cerca de US$ 150 millones, según el banco quebequense Desjardins. “Sólo los grandes bancos de Canadá manejan más de 9 mil millones de centavos por año, lo cual implica un costo de US$ 20 millones anuales en procesamiento”, dice Dubner. 

Entonces el razonamiento de por qué seguir manteniendo el dinero en efectivo gana terreno. David Wolman, que escribe en The Wall Street Journal, cree que por extensión todo el dinero en efectivo debería desaparecer. “En una era en la cual los libros, las películas y la música se están convirtiendo de átomos a bits, los billetes y los trocitos de metal redondo cuyo costo de producción y transporte aumenta dejan de tener demasiado sentido”, plantea. 

Otros ejemplos

Aunque Estados Unidos no ha seguido el ejemplo canadiense, de todos modos ha reducido los costos de acuñar moneda cambiando el contenido del metal (principalmente, sacando níquel y cobre) de las monedas más pequeñas. Sin embargo países como Israel, Brasil, Australia y los países escandinavos ya no tienen un equivalente al centavo. En Argentina, aunque el centavo aún es una moneda de curso legal, es casi imposible ver una en ningún lado y la ley del consumidor dice que ante la imposibilidad de entregar cambio por montos inferiores a 5 centavos, la diferencia debe ser redondeada a favor del consumidor. 

Esto no siempre es así, pero eso es otra historia.

Y muchos Gobiernos también están haciendo que sea más difícil pagar en efectivo. Francia, Grecia y España han puesto límites máximos al tamaño de las transacciones en efectivo a fin de evitar la evasión impositiva y lavado de dinero. Por ejemplo, las leyes contra el lavado de dinero, introducidas en Gran Bretaña en 2003 hacen que sea más difícil pagar en efectivo cualquier cosa por encima de las 10 mil libras. Sin embargo, ningún país ha llegado tan lejos como Suecia. 

En el país escandinavo, actualmente sólo cerca del 3% de las transacciones se hacen en efectivo. En la mayoría de las ciudades los baresno aceptan efectivo y lostickets del transporte se pagan con anticipación o se compran mediante mensajes de texto. Y ya hay oficinas de bancos (que ganan dinero mediante las comisiones que cobran por las transacciones electrónicas) que han dejado de manejar dinero en efectivo del todo. Esto lleva a pensar que en Suecia de acá a 20 años las monedas y los billetes dejarán de existir. Sin embargo, no todos están contentos con esta tendencia. Los jubilados, que tienden a realizar muchas transacciones pequeñas, se quejan de que les han complicado la vida. Algunos negocios pequeños también expresan su descontento acerca del nivel de los costos de las tarjetas de crédito aplicados por los bancos. Aunque el número de robos bancarios ha caído, “los casos de fraude computarizado, incluidos los casos de desvío de fondos oskimming , se sextuplicaron en la última década, de poco más de 3.300 en 2000 a 20 mil en la actualidad”.

De todos modos, las tarjetas de crédito y los sistemas de pago online, como PayPal u otros, no han logrado eliminar el entusiasmo por el papel moneda. Aunque el rol del dinero en efectivo en la masa monetaria de la mayoría de los países desarrollados ha decaído, sigue siendo importante. Según datos de la Reserva Federal, la cantidad de moneda física en Estados Unidos circulando por fuera de los bancos ha aumentado un 7% por año desde 1959, hasta alcanzar 1 billón de dólares, y el Banco de Inglaterra estima que 61.800 millones de libras están circulando en billetes y monedas entre negocios y consumidores.

Sin embargo, el efectivo tiene sus defensores. Eric Wen cuenta en la revista estadounidense The New Republic que un estudio sobre el comportamiento de los minoristas reveló que entre 60% y 93% de las transacciones se redondearían en su disfavor, lo cual le costaría a los consumidores estadounidenses cerca de US$ 600 millones por año. Y dado que son los pobres quienes tienden a utilizar más el dinero en efectivo, son ellos quienes llevan la mayoría de ese peso. Además, la gente que confía en el dinero físico tiende a rechazar la deuda. Business Week destaca que “los italianos son los consumidores menos endeudados de la región del euro y están dentro de los ahorristas más grandes”, según datos de la oficina de estadísticas de la Unión Europea, Eurostat. Esta frugalidad está relacionada a la falta de confianza en los pagos que no se realizan en efectivo. Según el Banco de Italia, país donde una protesta popular forzó al Gobierno a eliminar el límite de 1.000 euros que había puesto para las transacciones en efectivo, los titulares de tarjetas de crédito realizan en promedio sólo 26 transacciones con sus tarjetas cada año, cinco veces menos que sus pares de Gran Bretaña.  

Los defensores del papel, como Martin Vander Weyer de The Daily Telegraph,también apuntan a la seguridad, el anonimato y la disciplina del dinero en efectivo. “Los billetes y las monedas de los bancos tienen una utilidad, un simbolismo y una significancia que no deberíamos apurarnos a dejar: salvemos al billetes antes de que sea muy tarde”, dice. 

En Argentina, si bien no contamos con estadísticas oficiales, estimamos que el consumidor poseedor de tarjetas está más cerca del inglés que del italiano. Pero al mismo tiempo las grandes transacciones, sobre todo la compra-venta de inmuebles, no sólo se siguen haciendo en papel moneda, sino que ni siquiera se en moneda local.

Una nueva paradoja argentina.

Saludos.

Felipe.

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