¿Es el dólar la verdadera reserva de valor?

El dólar no sólo es noticia en la Argentina. Es un bien preciado y buscado por todos los inversores del mundo en la actualidad a partir de la creciente preocupación global en torno al futuro de la Unión Europea.

¿Sale Grecia? ¿Le sigue España? ¿Portugal podría entrar en cesación de pagos? ¿Los bancos europeos necesitan más capital para afrontar la crisis? Estas son algunas de las preguntas que inquietan a más de uno y que han llevado al desprendimiento masivo de euros, moneda que alcanzó su menor nivel de paridad en relación al dólar de los últimos dos años.

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Seguramente las razones para desprenderse del euro están justificadas en el hecho de que el bloque económico común se encuentra en su situación más grave y delicada desde su creación y la incertidumbre sobre cómo puede terminar la historia es extremadamente alta.

Lo que pongo en duda es el “vuelo a la calidad” que se está dando nuevamente. El dólar estadounidense es la moneda desarrollada que más ha ganado terreno en estos últimos días, no sólo contra sus pares de los países más poderosos económicamente hablando, sino también contra las monedas de países emergentes.

El caso del real brasileño, que acumuló una depreciación de más de 8% en las últimas semanas y que llevó su valor contra el dólar al nivel más bajo de los últimos tres años, es una clara muestra de que se ha incrementado significativamente la aversión por el riesgo.

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El DXY, un índice que mide la evolución del dólar contra una canasta de monedas, alcanzó su nivel máximo en 52 semanas, reflejando el mayor apetito por dólares. Al mismo tiempo, el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años rompió el soporte 1,8%, para ubicarse en 1,75%.

Todo esto no hace más que confirmar que el reinado del dólar estadounidense continuará, por lo menos, en el corto plazo.

Sin embargo, cuando miro más allá de lo inmediato, me pregunto sobre la sustentabilidad de esta moneda en el mediano plazo a partir de sus fundamentos económicos. Allí, un manto de sospecha me invade en torno al valor de la divisa estadounidense.

Expliquemos por qué:

El nivel de deuda de los Estados Unidos ha venido creciendo ininterrumpidamente desde el ataque a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. No sólo ha crecido en términos nominales, sino que peligrosamente ha avanzado en términos relativos respecto el PBI. Hoy esa relación se encuentra cercana al 100%.

Es decir, el monto nominal de toda la deuda estadounidense pública equivale al valor total de su PBI. Y no sólo eso… La tendencia seguirá siendo creciente a partir de los siguientes síntomas:

– El déficit fiscal de Estados Unidos está incontrolable y debilita las perspectivas de largo plazo de la hoja de balance de la Casa Blanca.

– El sistema previsional será cada vez más deficitario en la medida que los baby boomers comiencen a jubilarse y no haya un financiamiento adecuado de los trabajadores activos.

– El PBI crece a un tasa muy baja para poder recobrar el dinamismo de creación de empleo y mayor actividad que conlleve a un reordenamiento paulatino de las finanzas públicas.
Sin dudas esta dinámica es la que están considerando las calificadoras de riesgo y la que llevó a Standard & Poor’s a rebajar la calificación AAA de la deuda estadounidense el año pasado, hecho que podría volver a repetirse en algún momento del tiempo no muy lejano.

Paralelamente hay otro síntoma que debemos considerar. La crisis financiera que explotó en 2007 todavía está haciendo daño en la economía, situación que llevó a la FED a emitir una gran cantidad de dólares (vía compra de títulos) para poder “aceitar” la economía con liquidez masiva.

Esta gran oferta de dólares terminará impactando en el valor del dólar en algún momento, poniendo en duda su rol como refugio de los ahorros globales.

¿Qué podría pasar en los próximos cinco años? ¿Será el momento de buscar nuevos refugios? ¿Oro, commodities, bienes?

Difícil respuesta, pero la trataremos de develar juntos.

Un saludo,

Diego.

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