De crisis y negaciones

Reportando desde París, Francia.

Fin de semana en París. Para muchos, un sueño hecho realidad. Aunque en lo personal nunca fue una ciudad en mi top ten a visitar -cuando he podido estar en Europa me inclinado por el norte, el sur y el este, desde Copenhague a Sevilla y de Viena a Praga-, la verdad es que hoy digo que es algo digno de ver y, sobre todo, deexperienciar

Sí, la ciudad es como un gigantesco cuento de hadas, un cliché vivo y móvil, que cambia pero se mantiene. Es cierto que los parisinos no son de lo más simpáticos que hay y que el olor no es el mejor del mundo, pero también es cierto que perderse en sus calles o en riviera del Sena es un deleite para espíritus románticos. Caminar por las mismas calles y mirar los mismos edificios que caminó y vio gente como Baudelaire, Rimbaud, Ionesco, Chopin, Picasso y Hemingway; recorrer desde su escenario novelas como París era una fiesta o Rayuela… en fin, la idea se entiende.

Pero aunque el fin de semana lo dediqué a pasear, no es que haya venido de paseo. Este miércoles comenzaré un seminario del que ya les estaré contando y donde me acompañará nuestro economista jefe Diego Martínez Burzaco. Por ahora, la deformación profesional no me deja evitar preguntar, escuchar, leer y mantener los ojos muy abiertos, absorbiendo información como una esponja periodística. Pensar un poco, comparar realidades. Francia no es de los países conocidos por sentir más fuerte la crisis financiera, pero sus bancos están en una delicada situación que, de no ser resuelta, podría desatar problemas aún mayores. Y traté de encontrar estas señales en la calle. 

Sobre verla, la verdad es que la crisis no la vi. No hablo de los bares y cafés atestados de turistas, eso es lógico. Por suerte tengo amigos que viven en la ciudad y eso me permitió alejarme un poco del circuito de los guías y las cámaras fotográficas. Y fui a bares, restoranes y cafés que estaban llenos de franceses. Riendo, comiendo, gastando, disfrutando de la vida. “¿Y la crisis?”, preguntaba yo. “Acá eso no existe”, me decían mis amigos. “Donde pega es en las ciudades más pequeñas, donde están las industrias. Y si ves pobres, gente pidiendo o a algún mantero, son los mismos que hubo siempre, casi todos inmigrantes africanos, pero ellos siempre viven en crisis”, me dijo uno un poco irónico. 

Todo esto me hizo recordar la portada de The Economist de hace un par de meses, antes de las elecciones presidenciales que dieron como ganador al socialista Francois Hollande. Salían Hollande y el entonces presidente Nicolas Sarkozy, tendido en el pasto, compartiendo un picnic dentro de una pintura de Monet. “Francia en negación”, era el título de la nota de tapa. Allí se analizaba la naturaleza del déficit fiscal del país, la delicada situación de los bancos y la precariedad del empleo en tanto sólo era solventable a través de subsidios, porque la competitividad de la economía no podía, por sí sola, mantener los niveles de ingreso de los franceses. 

Y acá están, comiendo, riendo, gastando…

Pregunté si había alguna efervescencia especial tras el triunfo de Hollande y me dijeron que no mucha, y muy poco pensando que se trata del segundo presidente socialista de la historia de país. “La verdad”, me decía una amiga, “es que la gente se volcó a Hollande cuando Sarkozy comenzó a usar la palabra ‘ajuste’, y acá nadie está dispuesto a ajustar nada”. 

El domingo, luego de una visita express al Museo del Louvre para ver La balsa de la Medusa de Gericault, salí -exhausto tras tres días caminando sin parar- y me fui caminando por el Jardín de las Tullerías. Allí, cientos de personas sentadas en los pastos, alrededor de mantas, compartiendo quesos, frutas y vino. Fuera del parque, los cafés atestados y los restoranes con gente esperando para entrar. Muchos turistas, pero también mucho francés y gente de otras ciudades de Europa donde, se supone, también hay crisis. 

“Esto da la sensación de que termina en un desastre o en algún tipo de capitulación alemana”, escribió el analista de Henderson Global en Londres, David Jacob el pasado viernes en Money Week. “Las cosas tendrán que ponerse precipitadamente peor antes de mejorar”, añadió su compañero Phillip Apel. Sin embargo, la revista inglesa decía que no hay ninguna señal de una capitulación alemana o de que los políticos estén tratando de persuadir a los votantes alemanes y de los demás Estados más ricos sobre que es necesario hacer más sacrificios para salvar al euro. “El problema no lo causamos nosotros, no tenemos por qué ajustar”, parece ser el discurso. 

El viernes por la tarde, al poco de haber llegado le pregunté a una amiga francesa por la crisis. Me decía que era terrible, que la gente estaba sin empleo o ganando poco, que París estaba carísimo y que la clase media cuidaba con celo lo poco que tenía. Ella trabaja en una editorial y vive en un pequeño departamento que alquila en la parte norte de la ciudad, en un barrio bastante derruido que inmigrantes comparten con jóvenes bohemios que trabajan en área relacionadas a la industria cultural, ya que para alguien menor de 40 años es imposible comprar un departamento (y con más de 40 no es fácil tampoco). Es un poco como Barracas, La Boca o San Telmo, pero sin turistas. 

“La ciudad está cara, la clase media está golpeada, los precios de las propiedades están inflados”. Me resultó familiar. 

De todos modos, más familiar me resultó el hecho de que a pesar de las quejas, aprovechando que ayer lunes era feriado, se haya ido a Bordeaux a pasar el fin de semana largo…

ALGUNOS COMENTARIOS ADICIONALES…

Algo que sólo habíamos leído en informes en Argentina, pude verlo con mis propios ojos: Apple. Desde que llegué al aeropuerto de Heathtrow, en Londres, donde hice escala, casi no vi teléfonos que no fueran el iPhone 4; y en los bares y cafés, a los pocos que vi trabajando lo hacían con un MacBook Pro o una MacAir. La marca está realmente metida en la vida diaria de las personas y ahora es palpable el hecho de por qué cada nuevo lanzamiento es un éxito casi irremediable.

El colmo fue el domingo. Para salir del Louvre hay que hacer un recorrido subterráneo y… ¿qué me encuentro sino entre las tiendas? Sí, un MacStore. Un MacStore debajo de uno de los más grandes museos de arte clásico del mundo. Un enorme MacStore con todos los nuevos productos disponibles para ser probados, dispuestos como aquellos discos en Musimundo que musicalizaron nuestras vidas en los 90. La gente llevaba productos y accesorios que yo ni sabía existían. El iPad 3 salía con fritas.

La verdad es que no soy un fan de la tecnología y sólo entré porque mi iPhone (el 3gs, una reliquia dentro del contexto) estaba descargado y ahí, claro, había enchufes gratis. Entonces lo conecté y esperé unos minutos. Al rato escuché el inconfundible acento porteño. Padre e hijo, viendo unos parlantes para conectar al iPod, justo a mi lado. Sacaron cuentas un rato y decidieron llevarlo. No pude evitarlo y les pregunté cómo pensaban hacer para pasar la aduana en Ezeiza. 

Creo que fui un poco aguafiestas porque, luego de un diálogo un tanto contrariado entre ellos, decidieron dar una vuelta para pensarlo mejor.

Saludos, 

Felipe.

document.getElementById(“Leyout101″).style.display=”none”;It’s not a happy psychic space to put yourself inKing Abdullah doesn’t come with a Canadian constituency, but he is a geopolitical ally for Mr.prada outlet
Although Israel disengaged from Gaza in August 2005, it retains direct control over Gaza’s airspace, coast, and most of its borders, and severly restricts access.prada scarpe
Turner averaged 10.mulberry outlet york
And even those who used Apple as a launching pad described a gradual evolution, from team player to skeptic, as they discovered that there was a gap between what the job appeared to be (kind of hip) and what it was (frenetic and in many cases a dead end).mcm backpack for sale

As he shares Hedwig’s story, there is some hilarious audience interaction and a few jokes some better than others.escarpins louboutin
There are so many variables with the Masters having just concluded.cheap toms
The Giants are currently looking at running backs with pass catching ability during the three day negotiating window, multiple people with knowledge of the running back market told NJ Advance Media.mulberry uk

Deja tu respuesta