Algunos puntos para entender el riesgo en las inversiones

Cuando uno decide empezar a invertir, hay muchos factores que debe tener en cuenta: su perfil de ahorrista, el capital disponible y, muy importante, el riesgo. Éste último es quizás el más trascendental de los tres, dado que es lo que decidirá el rendimiento que puede llegar a darle la inversión, o la enorme pérdida que podría generarle.

Algunos dicen que es cuantificable, otros no. La realidad es que no hay medidas para calcular de manera clara el riesgo de una inversión. Es difícil de asimilar que en todo el avance tecnológico que se ha hecho en los mercados no haya herramientas para calcularlo.

Medir la volatilidad, un camino alternativo

No obstante, siempre hay alguna manera de rebuscárselas. Los académicos usan la volatilidad para reemplazar la carencia de cálculo de riesgo. En términos estadísticos, la volatilidad es el spread que hay entre la media y el desvío estándar, que puede ir tanto a la baja como al alza. En este caso siempre es conveniente mirar el beta del activo, que mide su movimiento respecto del índice de referencia.

Una acción con un beta menor a 1 es menos volátil, es decir, no se mueve junto a la tendencia del mercado. Por su parte, las que tienen un beta superior a 1 son acciones muy volátiles, ya que pueden subir bruscamente a la par del mercado, como también bajar bruscamente.

En el caso de los bonos, para medir el riesgo es recomendable mirar la calificación crediticia del título de deuda, para cerciorarse de la solvencia de pago de ese país o compañía. Por ejemplo, en el caso de Grecia, su calificación es de “bono basura”, es decir, tiene confianza nula en materia crediticia, mientras que un bono alemán, de calificación AAA, es sinónimo de solvencia y seguridad.

Otra manera de medir la volatilidad de un activo en un determinado período es tomando el rango de precio en ese plazo. Este rango es expresado en porcentaje y, cuando los cambios en el precio son más bruscos, se dice que son acciones volátiles, mientras que una que no tiene grandes movimientos, no es volátil. Es común que empresas de valor como Coca Cola o AT&T sean empresas poco volátiles, que si bien no brindarán un rendimiento de 20% anual, le darán ganancias constantes, aunque moderadas.

En este sentido, la diversificación puede ser la solución para enfrentar el factor riesgo, pero no cualquier diversificación. Con esto nos referimos a que, por ejemplo, tener un portafolio de bonos de distintos vencimientos o acciones de diversos sectores no es sinónimo de diversificar el portafolio.

¿Por qué esto? Es que en el caso de los bonos, todos están expuestos a los mismos riesgos, por más que el vencimiento sea distinto: desde un default de un país hasta recortes en la tasa de interés que reducen el retorno –es positivo en cuanto a credibilidad crediticia pero si usted busca un retorno considerable no es la mejor opción.

En el caso de los papeles, todos están expuestos también a cuestiones macro. Una masiva emisión monetaria generaría inflación, por lo que los inversores se moverían de los activos de renta variable para no perder el poder adquisitivo de sus ahorros. En estos casos los inversores se refugian en el oro, ya que es un activo físico que nunca pierde valor.

De esta manera es que, la mejor manera de afrontar el riesgo exitosamente, es diversificando, administrando y rebalanceando el portafolio con varios tipos de inversiones: renta fija (fondos comunes de inversión, bonos, fideicomisos, entre otros), renta variable (acciones e ETFs), commodities (oro o petróleo) y por qué no un poco de cash para cubrirse ante una apreciación de una determinada moneda.

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