Tuesday, January 21, 2020
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Torres sí, torres no: las dificultades de una nueva urbanización

La edificación de grandes torres ha invadido zonas de construcciones tradicionalmente bajas. A pesar de sus varias contras, es la mejor manera de hacerle frente al crecimiento demográfico.

By Inversor Global , in Argentina , at 19 abril, 2012 Etiquetas: , , ,

Damián Tabakman

Abundan los reclamos vecinales que apuntan a paralizar la construcción en las ciudades. Éstos se hacen procurando que ninguna edificación existente se pueda demoler para dar lugar a una obra nueva y que en ningún barrio se puedan levantar torres. Los argumentos son siempre defendiendo la necesidad de preservar las construcciones de baja altura y resguardar el patrimonio arquitectónico en los barrios más tradicionales.

A la hora de analizar este tema, sería interesante entender que la arquitectura y la cantidad de gente viviendo en una ciudad van de la mano. La ecuación es simple: cuanto más próspera es una ciudad, más habitantes quieren vivir en ella y en consecuencia, estos grandes centros urbanos se convierten en verdaderos imanes de atracción. De aquí se desprende la necesidad de construir más. Y eso es lo que está ocurriendo en Buenos Aires: el conurbano –en ciertos lugares- está creciendo muy rápidamente.

Como reacción a este fenómeno, han aparecido movimientos ecologistas que se oponen a la densificación urbana. Pero también están las argumentaciones en favor de la industria de la renovación arquitectónica. Es evidente que si la ciudad crece, en algún sitio debe vivir la gente. Si no es en el centro, por falta de nueva oferta, se impulsa inevitablemente la sub-urbanización.

Si bien esto tiene sus pros, también hay que admitir que urbanizar la periferia implica no sólo una enorme inversión en infraestructura y accesibilidad, sino también un gasto gigantesco en transporte y combustibles para que la gente luego se traslade diariamente a trabajar. Todo ello incrementa los niveles de contaminación ambiental.

Por eso, las torres bien planteadas y en entornos adecuados, son una solución mucho más eficiente, mal que les pese a los movimientos “anti-torres”. Hoy en día se hacen edificios amigables con el medio ambiente. La densificación bien concebida es saludable, racional y eficiente desde el punto de vista ambiental, energético, urbanístico y arquitectónico. Edificios altos con cuatro lados abiertos al exterior, con vistas amplias y ambientes bien ventilados, con áreas de esparcimiento en sus plantas bajas, no sólo son valorados por el mercado con precios más altos, sino también por sus habitantes.

Pretender una ciudad idílica en la que sólo haya casas viejas no satisface las necesidades de nuestro tiempo. No hay que dejarse confundir con argumentaciones falaces, que además pueden hacer mucho daño. Una obra en marcha, con planos aprobados en la municipalidad, cumpliendo con el código vigente, pero paralizada por un juez a raíz de reclamos vecinales es algo grave y, lamentablemente, hay muchos casos en Argentina.

Este tipo de situaciones no hacen más que generar dificultades. Este tipo de hechos hace que los inversores afectados no vuelven a fondear proyectos, que la construcción se resiente, que aumenta el desempleo, que no se hagan inversiones productivas y, además, que la ciudad no mejore su calidad urbana. En definitiva: queda paralizada en el tiempo.

El planeamiento dejó de ser una ciencia en manos de unos pocos urbanistas que definen alturas máximas y edificios intocables para pasar a ser una mecánica de trabajo compleja y participativa. Dejarse llevar por argumentos caricaturescos y panfletarios, tarde o temprano se pagará y a un precio muy caro.

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