Estados Unidos e Inglaterra, hasta dónde llega el amor

Veamos qué está pasando con la relación entre Estados Unidos, aún primera potencia económica y miliar del planeta, y su “cabeza de playa” en Europa, Inglaterra. Una reunión especialmente cordial llevada a cabo en la Casa Blanca a mediados de marzo entre el demócrata Presidente estadounidense, Barack Obama, y el conservador Primer Ministro británico, David Cameron, avivó a los analistas ingleses y las posibilidades de una nueva era en la política exterior de los principales países de Occidente.

“El gran éxito de la visita de Cameron a Estados Unidos demuestra que la ‘relación especial’ está viva y en buen estado”, afirmó Andrew Roberts en The Daily Telegraph tras la reunión del Primer Ministro con Obama, a mediados de marzo pasado.

Aunque al comienzo de su mandato Obama se mostraba en una actitud de cierta indiferencia frente Gran Bretaña, lo cierto es que el Mandatario fue de a poco descubriendo lo mismo que descubrió cada presidente estadounidense desde la administración de Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1945: que esta relación especial que mantiene con la isla británica funciona bien, tanto para Estados Unidos como para la tierra de Winston Churchill, por mucho que el estadounidense promedio desprecie la ayuda inglesa con la política exterior de los Estados Unidos, escribe Roberts.

Más duros son otros comentaristas. “Un encuentro horrible, sólo para tirarse flores”, escribió Stephen Glover en The Daily Mail. Esto, a pesar de que durante los tres encuentros anteriores, Obama “venía dando señales de que no gustaba mucho ni tenía una buena opinión sobre Inglaterra”, justamente por su apoyo a la política exterior de Estados Unidos, que era la política de guerra preventiva de George Bush.

Ahora, y esto los ingleses lo dicen con su característica nota de sarcasmo, Cameron parece un niño feliz al cual sus padres le reconocieron una nueva gracia. “El Primer Ministro no puede ocultar que está encantado de haber sido tratado casi de igual a igual por el Presidente de Estados Unidos”, escribió Glover, rematando que este afán inglés por el aplauso estadounidense “es muy degradante”.

Por otro lado, la naturaleza de las relaciones entre los líderes de Estados Unidos y Gran Bretaña ha estado basada en políticas de poder más que en vínculos personales, escribe Richard Aldous al hablar de de Ronald Reagan y Margareth Tatcher en su libro La difícil relación. “Lo importante al final no es la relación ideológica o personal sino el interés nacional”, dice. “Si Reagan creía que los intereses de Estados Unidos necesitaban una táctica determinada, entonces ésta se llevaría a cabo: podía ser disfrazada un poco para acomodarse a las necesidades de un amigo, pero en esencia no se cambiaría”. Porque lo importante para Reagan eran los intereses de Estados Unidos.

En la mirada británica, esto ha tenido un costo para la soberanía y los valores de la orgullosa isla, escribe Peter Oborne en The Daily Telegraph. “Cameron ha aceptado la doctrina de posguerra del Foreign Office y la determinación de mejorar la seguridad no produce ningún efecto sin una relación fuerte con Estados Unidos”. Esto, plantea, implica aceptar de forma tácita “el uso de torturas y prisiones secretas; el rapto de sospechosos no sometidos a un debido proceso; el asesinato de blancos específicos, incluyendo personas al azar y; la negación sistemática de los derechos de los sospechosos musulmanes que existirían sin problemas para los ciudadanos estadounidenses o ingleses”.

Sin embargo, y acá hay un punto interesante, Cameron y Obama tendrían más en común que lo que los críticos piensan. Por ejemplo, ambos quieren intervenir menos en el extranjero. No se trata de retiradas completas de sus respectivos frente de batalla (Obama tardó tres años en implementar el regreso de tropas de Irak y ya conocemos la posición de Inglaterra, por ejemplo, frente a una situación como la de Malvinas). Y esto lo dicen medios que siempre se han mostrado en contra de estas situaciones, como The Guardian.

Justamente en este diario fue que el periodista Martin Kettle escribió que, durante la reunión de marzo, Cameron y Obama “enterraron al neoconservadurismo”. En este sentido, plantea que el apoyo a la promoción activa de la democracia e instituciones liberales, particularmente en el mundo musulmán, habrían encontrado un alto.

Como todo, claro, hay peros.

Ahora, si la idea es alejarse un poco de la política extremadamente intervencionista de George Bush -secundada con ironía inglesa por el laborista Tony Blair-, en esos mismos medios liberales advierten que ahora las grandes potencias de Occidente tendrán un precio que pagar. Por ahora, el líder talibán Mullah Omar sigue prófugo y Bashar al-Assad continúa al frente del Gobierno de Siria. Y esto, tarde o temprano, son temas que generarán ruido en Londres y, sobre todo, Washington.

Ruido que siempre, de alguna manera, se refleja en los mercados.

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