Desarrollados con riesgo versus emergentes conservadores

Guillermina Simonetta

El crecimiento económico de los países emergentes –principalmente los BRIC, aunque no exclusivamente- ha significado un aumento en los fondos disponibles por muchos de sus ciudadanos. Sin embargo, la forma en la que manejan estos recursos en comparación con los habitantes de los países desarrollados es muy distinta.

La crisis en la Eurozona ha dejado un fuerte impacto sobre la economía de los países emergentes a través de una variedad de canales: aumentando la aversión al riesgo, disminuyendo la demanda de productos que exportan las economías menos desarrolladas, reduciendo los préstamos de los bancos comerciales de la región hacia el exterior y afectando las tasas de crecimiento de corto plazo en emergentes, así como sus mercados accionarios. A pesar de estos efectos negativos, la mayoría de las economías emergentes se encuentra actualmente mejor posicionada que muchos de los países desarrollados en lo que respecta a la posibilidad de utilizar mecanismos de política monetaria, fiscal e incluso cambiaria para enfrentar shocks que puedan perjudicar a sus sectores exportadores y a su trayectoria de crecimiento. La evolución macroeconómica de la última década y la mejor performance relativa con la que pudieron sortear la crisis de 2008-2009 refleja un importante contraste con la evolución de las décadas previas en esta fase de globalización financiera, redundando en mayor crecimiento económico, empleo, estabilidad financiera y con sustanciales mejoras en la capacidad de ahorro de sus habitantes.

A medida que las economías alcanzan niveles mayores de ingreso disponen de un mayor margen  para el ahorro y, consecuentemente, para canalizarlo a la compra de activos financieros. El importante desarrollo en las economías emergentes de la última década nos deja entonces frente a una nueva clase de inversores que de a poco van ganando importancia a nivel mundial en la demanda de activos financieros. La tenencia de activos en las carteras de inversores de países en desarrollo ha crecido tres veces más que la de inversores de países desarrollados en la última década, pasando de 7% a 21% su participación sobre el total de la riqueza financiera mundial, según un estudio de McKinsey Global Institute.

A pesar de este incremento en la tenencia total de activos financieros, los inversores de mercados emergentes tienen un comportamiento, aversión y preferencias diferentes a los de las naciones desarrolladas. En Estados Unidos, Europa y Hong Kong, entre el 30 y 40% de las inversiones en activos financieros se vuelcan al mercado de acciones, mientras que en economías en desarrollo los inversores mantienen casi tres cuartas partes de sus ahorros en cuentas de depósitos, destinando un 15% de su portafolio a la tenencia de acciones, en comparación con el 42% en el caso de los estadounidenses y de 29% de los europeos en promedio.

Todo lo anterior da cuenta de que aunque las inversiones en acciones hayan crecido en las economías emergentes en la última década, aún existe una distancia enorme si lo comparamos con lo que sucede en países desarrollados. Sin lugar a dudas Japón constituye una excepción dentro de estos países, mostrando una tasa muy baja de inversión en renta variable por parte de inversionistas individuales, cercana al 10%, que nunca se recuperó de la dramática disminución registrada luego del crash bursátil nipón de 1989-1990.

Inversores emergentes

Por su parte, el China la riqueza de los hogares ha crecido más de tres veces en la última década hasta valores de US$ 6,5 billones y, desde la introducción en 2007 de fondos de inversión, los inversionistas individuales chinos incrementaron su tenencia de acciones pasando de 4% a 19% ese año, cifra que bajó a 14% luego del crack del 2008. Esto no es ni mucho menos homogéneo, ya que en Shanghái hasta el 40% de las familias posee acciones entre sus ahorros, lo que de paso da cuenta de la desigualdad en la distribución de la riqueza que los líderes chinos esperan combatir en el futuro cercano.

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