Tres errores que le hubiesen costado mucho dinero

Los mercados podrían ser considerados una ciencia debido a que tienen un método para investigarlos. No obstante, a veces la excesiva indagación puede jugarle una mala pasada. Pensemos en un inversor ficticio, que llamaremos Roberto. Se trata de un minucioso lector de estadísticas y gráficos bursátiles que tuvo la posibilidad de ganar millones pero, por no esperar, terminó perdiendo.

Aquí van los tres errores que cometió Roberto que esperemos usted no cometa a la hora de invertir.

Starbucks: un marcado rebote

Allá por abril de 2008 Roberto compraba Starbucks a un precio de 17,47 dólares la acción. Nada mejor, una compañía madura con gran presencia y mucha fidelidad por parte de sus clientes: parecía una oportunidad única.

Pero la compañía crecía muy lentamente y su acción no paraba de bajar. Alcanzó un valor que fue equivalente a menos de la mitad de lo que había sido su pico más alto, por lo que parecía una acción barata con buen prospecto si uno se basaba en los fundamentales. Sumado a esto, la compañía estaba empezando a impulsar su negocio a nivel global, principalmente a Japón y China, dos países donde se consume mucho café.

A esto hay que agregarle que usa el sistema de McDonald’s; vende las bebidas típicas de un país al igual que la casa de comida rápida arma sus combos en función de la cultura de una nación. Por ejemplo, café en Estados Unidos, té en Japón o mate en Brasil.

Estas estrategias son lo que hacen a Starbucks una compañía muy fuerte, y ni hablar de McDonald’s y sus combos.

A pesar de todo esto, Roberto se puso impaciente. Veía que el negocio de Starbucks crecía fuerte pero no así su acción. El papel seguía cayendo y pensó que había mejores lugares para poner su capital y es por eso que vendió toda su participación en la firma de café a 8,78 dólares cada papel.

Lo que nunca imaginó Roberto es que ese escenario iba a cambiar. Y efectivamente pasó eso. La acción de Starbucks hoy cotiza a 52 dólares y tiene prospectos para seguir creciendo. Por su parte, Roberto se perdió una ganancia de casi 500% con respecto al precio que vendió y una de 197% en relación al precio cuando compró.

¿Cuál es la lección? Una “supermarca” como Starbucks puede tener períodos malos pero nunca va a desaparecer. La paciencia es clave: las acciones de estas empresas tarde o temprano pegan el rebote.

Baidú: una acción que ignoró

Antes que nada le explicaremos qué es Baidú en pocas palabras: el Google de China. Sí, es el buscador número uno utilizado por los habitantes del gigante asiático. Cuando Roberto empezó a mirar Baidú, éste era un simple motor de búsqueda que vivía de las ventas por publicidad pero que a su vez tenía un imperio en crecimiento en sus productos y servicios.

Todo esto debía darle la pauta a Roberto de que estaba frente a un diamante en bruto, pero él dijo que no. La acción estaba cerca de alcanzar un alza de 150% con respecto al año anterior y su ratio precio-ganancias estaba en 100x. Como él era un seguidor del value investing, confiaba a rajatabla en los fundamentals.

Hasta cierto punto tuvo razón. La acción cayó tumbada por debajo de los 11 dólares por acción, lo que hizo pensar a Roberto que ahí sí estaba barata. No obstante, vaya a saber que pasó por su cabeza que no se decidió por comprar.

Otra vez errores de impaciencia y negligencia. Hagamos el cálculo: hoy la acción de Baidú vale 140 dólares. Si Roberto compraba a 11 dólares, hoy estaría gozando una ganancia de… ¡1492%!

¿Cuál es la lección? No fue capaz de medir con exactitud la posibilidad de crecimiento como Baidú. No crea que porque tiene un ratio precio-ganancias exacerbado la acción no está para comprar; todas las acciones con prospectos de alto vuelo lo tienen.

Netflix: tratando de predecir el precio máximo

Después de sus garrafales errores con Starbucks y Baidú, uno pensaría que como dice la frase “la tercera es la vencida”, que Roberto iba a tener un poco más de suerte.

Pero no.

Su nuevo tropiezo fue pensar que tiene la bola de cristal para predecir el pico máximo que podía alcanzar Netflix.

Roberto había comprado algunas acciones de la empresa de streaming a 30 dólares en abril de 2008 porque le gustaba la compañía. Era una marca que crecía paulatinamente, abría un mercado nuevo ofreciendo un producto innovador y le gustaba Reed Hastings como CEO.

Pero no pudo evitar volver a usar value investing. Empezó a hacer varios análisis para saber cuál sería el precio de Netflix en determinados escenarios. Luego de hacer un promedio entre todos los contextos, Roberto sacó la conclusión de que su fair value eran los 45 dólares.

Seguro se imagina lo que sigue, pero terminaremos la historia.

Llegó Marzo de 2009 y Netflix empezó su escalada, por lo que indudablemente llegó al precio objetivo de Roberto y automáticamente ejecutó su orden de venta. Fue fiel a su estrategia.

¿En qué terminó la que pensábamos que iba a ser la vencida? La acción de Netflix llegó a tocar los 304 dólares, por lo que Roberto se perdió una ganancia de 914%. Efectivamente el mejor consejo para él sería que deje el value investing.

¿Cuál es la lección? Tener una apreciación acertada y exacta del mercado es algo sumamente difícil. No apueste en contra de empresas con buenos prospectos porque el mercado siempre las recompensa.

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