Similitudes que preocupan y soluciones que no llegan

China, India y Argentina fueron las economías del mundo que más crecieron, en ese orden, en el año 2011, mostrando que gran parte del mundo emergente ha podido continuar con la expansión de la actividad a pesar de que el mundo desarrollado atravesaba una crisis sin precedentes, sobre todo en la Unión Europea.

Sin dudas se trata de un dato muy favorable y que despierta entusiasmo entre los inversores a nivel mundial, dando cada vez más sustento al debate en torno a las teorías del “desacople” y de la “convergencia”.

La primera señala que los países en desarrollo pueden mostrar un crecimiento sostenido aún cuando el mundo desarrollado se estanque a partir de la menor dependencia de la demanda de estas economías. Es un proceso incipiente, pero de dudosa validación hasta el momento, por la intensa interrelación de ambos mundos en el plano comercial en la actualidad.

La segunda teoría, la de la convergencia, sustenta la hipótesis de que las economías que tienen ingresos per cápita más bajos crecerán a una velocidad mayor a la de las economías que tienen ingresos per cápita más elevado.

Este fenómeno se está evidenciando, aunque no implica desarrollo económico ni mayor igualdad en la distribución del ingreso.

Focalizándonos en el gigante asiático, China, leí recientemente una nota que no me llamó mucho la atención a partir de los antecedentes en la materia y la familiaridad del caso:

…”Las empresas chinas fueron obligadas a falsificar cifras económicas; se trata de algunas cadenas hoteleras, mineras y acereras de la ciudad de Hejin, en la provincia de Shanxi, según el Instituto Nacional de Estadísticas de China”…

…”El Gobierno central está trabajando fuertemente para evitar discrepancia entre las mediciones nacionales y las provinciales, ya que se verifica una inconsistencia de 4,6 trillones de yuanes en el cálculo del nivel de actividad ente ambos datos económicos”…

Esto no representa ninguna sorpresa a raíz de que con una elevada frecuencia he leído sobre advertencias que han hecho entidades económicas globales respecto la forma de medición de ciertas variables económicas por parte de la principal economía asiática.

Muchos analistas han señalado que las mediciones china carecían de rigurosidad científica y de profesionalismo y transparencia, sin poner en duda de que la economía de ese país se expandía a buen ritmo, pero poniendo en tela de juicio la magnitud final de ese crecimiento.

Lo más destacable de lo descripto anteriormente es el esfuerzo del Gobierno central de avanzar hacia una mejora de las mediciones, intentando generar un ambiente de credibilidad tal que sea propicio para que las inversiones continúen.

¿Nos resulta familiar la situación?

Lamentablemente sí. Lo que empezó en febrero de 2008 como un intento de “tapar” un pico inflacionario coyuntural terminó siendo una política explícita y permanente de manipulación de toda cifra económica relevada por el Instituto Nacional de Estadísticas de la Argentina.

El daño hecho ha sido muy grande y tomará un gran trabajo y tiempo revertir la mala imagen que el instituto tiene entre los técnicos nacionales e internacionales.

Las señales que se desprenden de este comportamiento son claramente nocivas y contraproducentes, no sólo para generar un clima propicio que estimule la inversión productiva, sino también para poder diagnosticar los problemas del “modelo” y plantear una estrategia de soluciones de los mismos.

El camino que se toma es un atajo, priorizando el corto plazo y pateando para adelante la resolución de las dificultades.

Lo alarmante es que no se ve ningún atisbo de solución en lo inmediato, pero sabemos que a medida que transcurre más tiempo, el daño y el costo que esto acarrea se acrecientan.

Un saludo,

Diego.

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