Las tasas de interés bajas no estimulan el crecimiento

El fin de semana leí una interesante nota en Money Week. Su autor, Simon Caufield, decía que aunque durante las recesiones los bancos centrales se lanzaran a bajar las tasas de interés buscando que los bancos dieran un empujón al crédito, que sería aceptado feliz por la población, esto no necesariamente era así. 

Haciendo un repaso de lo que damos por entendido, la cadena es la siguiente: el banco central baja sus tasas, los bajos comerciales bajan las suyas y prestan dinero barato a tasas atractivas para los consumidores. A su vez, estos gastan y de esta forma reactivan el ciclo económico. Pero  el Premio Nobel Joseph Stiglitz, junto al académico de la Universidad de Columbia, Bruce Greenwald, dicen que la mayoría de los economistas están equivocados. ¿Por qué? Porque las tasas de interés no son los únicos costos que los bancos tienen que considerar. “Si un deudor deja de pagar”, dice Caufield, “el banco tiene que contabilizar toda o parte de la deuda como pérdida. Entonces esas condonaciones son costos también”. Estos costos serían ignorados por los bancos centrales, pero el riesgo de no pago por parte de los consumidores sería más importante que las tasas de de interés. 

Por cuatro razones.

“Primero, las tasas de interés pueden caer durante las crisis. Pero las crisis también aumentan las quiebras personales y el no pago de los consumidores que sacaron esos préstamos bancarios. Las crecientes condonaciones aumentan más los costos de los bancos que lo que los compensa la baja de tasas. Esto hace que estén menos dispuestos a otorgar créditos. 

“Segundo, los bancos no reducen mucho los precios de los créditos (salvo cuando lo tienen que hacer, como por ejemplo cuando una hipoteca existente está atada a la tasa de un banco central). Esto ocurre por exactamente la  misma razón, sus costos no han caído lo suficiente como para justificar la reducción. Entonces, no se hace más fácil, en general, otorgar créditos.

“Tercero, los deudores saben que los riesgos de no poder pagar sus propias deudas aumentan en las recesiones. Entonces, muchos optan por no endeudarse más y, por ende, la demanda de créditos no aumenta cuando las tasas de interés caen. Al contrario, baja.

“Cuarto, lo que sí aumenta son las solicitudes de créditos relacionadas con fraudes y optimistas empedernidos. Los bancos no pueden identificar a todos. Entonces, el riesgo de no pago es aún peor que lo esperado”.
Además de eso, continúa Caufield, las tasas de recuperación de esas deudas impagas tienden a ser menores durante las recesiones, lo que significa que los acreedores recuperan menos dinero. O muchos créditos están asegurados contra propiedades y el valor de estas también cae durante las recesiones. Por ende, aunque los costos de financiamiento de los bancos puedan caer cuando se recortan las tasas de interés, los crecientes riesgos involucrados a los créditos durante una contracción pesan más que las posibles recompensas que se puedan tener.

Y al contrario se puede hacer el mismo razonamiento. Cuando la economía está en auge, las alzas de tasas no causarán un impacto tan fuerte en la actividad. O por lo menos no en cuanto las suban. Si la economía está en auge, explica Caufield, los incumplimientos caen. Si los valores de las propiedades aumentan rápidamente también, son menos las condonaciones de deuda y, en ese sentido, no habría razón para que los bancos frenen los créditos. 

Todo esto parecería apoyar la teoría de Stiglitz y Greenwald de que las tasas de interés simplemente no funcionan muy bien como herramienta de política monetaria. Las recuperaciones de las últimas recesiones han sido todas más lentas que lo esperado. Aun así fueron más rápidas que cuando se salió de la recesión de los años 80 y de las anteriores. 

Entonces, ¿bajar las tasas de interés funciona o no?

Según Stiglitz y Greenwald, dice Caufield, la respuesta es la tecnología: las tarjetas de crédito, los call centers y la actividad bancaria por Internet. Hoy podemos transferir nuestros sueldos a nuestras cajas de ahorros por teléfono o Internet y no necesitamos extraer efectivo para gastos a corto plazo, ya que podemos usar nuestras tarjetas de crédito o débito. Entonces, es mucho más fácil aprovechar los ahorros, que no se quedan mucho tiempo en los bancos proveyendo de un colchón gratuito a las entidades financieras. 

“Cuanto más baja es la tasa, más preparados para trabajar duro estamos. Como resultado, los costos de los créditos de los bancos caen menos rápido que la tasa base. Por ende, no tienen ninguna compensación que contrarreste por el riesgo más grande de incumplimientos, lo cual significa que estarán menos dispuestos a otorgar créditos. 

“Es un círculo vicioso. Necesitamos los créditos bancarios para estimular la economía. Sin embargo, los bancos no otorgarán créditos y los consumidores no se endeudarán salvo que el riesgo de no pago esté cayendo. Eso pasa sólo cuando la economía está creciendo. Esto significa que no hay otra opción que esperar que la economía se reponga. Efectivamente, hay fundamentos para exigir terminar con el dolor con rapidez”.
Ahora, ¿qué hacer? Una solución es terminar con las burbujas alimentadas a través del crédito. En vez de ayudar a salir de las recesiones una vez que ya están instaladas, los bancos centrales deberían fomentar desaceleraciones suaves más frecuentes que nos recuerden los peligros del endeudamiento en exceso. Hoy los grandes bancos centrales están emitiendo para comprar bonos de sus propios Gobiernos, porque todos temen de la capacidad de pago de todos. La emisión, por si algún ingenuo aún lo piensa, no está yendo a los bolsillos de la población.

Y la emisión sigue empujando los precios al alza. 

En todo el mundo. 

Saludos, 

Felipe.

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