Las elecciones presidenciales y el camino bursátil en Estados Unidos

Joaquín Rodríguez Olivo

Tal y como pasó en Argentina en las elecciones presidenciales de 2011, el mercado de capitales no se desentiende del contexto de incertidumbre que se planta en los meses previos. Si bien el ojo de los inversores en Argentina tiende a estar en el dólar y en las propiedades, hay que remarcar cuál es la conducta del mercado de capitales en cualquier punto del planeta en los meses previos a los comicios.

Según el Instituto Argentino de Mercado de Capitales (IAMC), existe una regla en la Bolsa local que dice que los tres meses precedentes a las elecciones presidenciales muestran a los precios de las acciones en un rango de precios en dólares bajo. A medida que los días pasan y se van acercando los comicios, los inversores vuelven a la carga, por lo que instantáneamente los precios de las acciones vuelven a trepar.

Esto ocurriría de igual manera en Estados Unidos. El Dow Jones tiende a bajar sutilmente en los meses previos a las elecciones para luego subir y cerrar el año con una sonrisa. Y justamente este año tendremos la nominación para el Jefe de Estado de la primera economía del mundo. Ante nosotros, la disputa de siempre: republicanos contra demócratas. Aunque las internas republicanas no están resueltas aún, el nombre que suena más fuerte es el de Mitt Romney, mientras que en la vereda de enfrente aparece el actual Presidente, Barack Obama.

Si bien los contextos económicos varían permanentemente, sobre todo en los tiempos actuales, las estadísticas son una variable que los analistas utilizan muy a menudo para tatar de descifrar la tendencia de los mercados en épocas electorales. Abramos la puerta y adentrémonos en este mundo para ver qué nos podría deparar el destino.

S&P 500, oráculo electoral

Un año electoral le da más importancia en la agenda al futuro de los mercados financieros. Un dato clave es que los retornos del S&P 500 en los tres meses previos a los comicios han predicho al ganador en las últimas siete elecciones, ya que el porcentaje parece estar correlacionado al margen a través del cual gana el más votado. Si el índice de referencia estaba al alza entre fines de julio y fines de octubre, la gente votaba al aspirante oficialista. En cambio, si en ese período el S&P 500 se mostraba a la baja, los ciudadanos optaban por el candidato opositor.

En una economía como la estadounidense, donde más del 70% de las personas canalizan sus ahorros a través del mercado de capitales, más precisamente en acciones, existe una clara correlación positiva entre el humor de los votantes y la tendencia del mercado. Acciones en alza implican una mayor predisposición de las personas a votar a quien detente el poder en ese momento, con el objetivo de evitar cambios bruscos en el rumbo económico, mientras que una caída en el precio de las acciones alentaría la predisposición a un cambio por parte de los ciudadanos-inversores.

Es un patrón que tiene cierta lógica, en la medida que los ahorros en acciones constituyen una parte importante de la riqueza de los individuos y cuando los bolsillos están más llenos es porque los ciudadanos entienden que las cosas van mejorar (o ya lo están haciendo) desde el punto de vista económico.

Si aplicamos este patrón al contexto actual, habría que esperar un rally del mercado en caso de que las encuestas dieran que Barack Obama está a la cabeza en las listas. Asimismo, que el candidato oficialista siga en el poder dependerá también del rumbo económico hasta el día de las elecciones. Las nóminas presidenciales tienden a sentarle bien al mercado: en trece de los últimos quince años electorales (más de medio siglo de elecciones presidenciales), el índice de referencia estadounidense registró marcadas alzas.

Además, la performance de los mercados en enero también es un indicativo histórico para el resto del año. Desde 1945 se ha visto que si un año electoral arrancaba con un “enero positivo”, el S&P 500 iba a cerrar el año en verde. Esto se cumplió, ya que desde ese entonces, en ocho comicios consecutivos, el índice de referencia tuvo ganancias promedio de 16% anual. En cambio, si enero se mostraba a la baja, el S&P 500 iba a terminar en rojo con una pérdida promedio de 4% anual.

Si nos guiamos por lo que ocurrió en enero de 2012, los inversores deberían estar relamiéndose ya que podríamos esperar un año con importantes subas bursátiles si entendemos que el patrón histórico vuelve a repetirse. El índice S&P 500 no solo finalizó en positivo, con una suba de 4,4%, sino que se trató de la mejor performance para el mes de enero desde 1997.

Los sectores de recursos naturales, financiero y tecnología fueron los que encabezaron las ganancias, fortalecidos por las ganancias corporativas y una mejor perspectiva económica ante las señales de estabilidad en la crisis en la Unión Europea.

Si bien se trata de muy buenas noticias para los inversores, los analistas señalan que esta tendencia positiva debería reforzarse con un mayor volumen de operaciones, ya que la tendencia del mismo fue decreciendo en el tiempo. En concreto, en el NYSE se negociaron US$ 3.800 millones promedio diario durante enero de 2012, mientras que en igual mes del año anterior el promedio diario de operaciones fue de US$ 4.600 millones.

Cómo posicionarse

Una vez hecho este análisis, la pregunta es en qué lugar queda el inversor individual.

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