Deportistas y finanzas, una relación problemática

Muchos se preguntarán por qué una persona que corre detrás de una pelota o que maneja una raqueta como gana decenas de millones, cuando otros estudian varios años de su vida para volverse profesionales académicos y no alcanzan ni las sobras. La respuesta es simple: el deporte es una actividad donde, si se sabe aprovechar la oportunidad, algunos pueden asegurarse tranquilidad económica para el resto de sus vidas.

Todo sale desde la misma raíz: un cazatalentos que apuesta a un niño que diez años más tarde se convierte en una figura del deporte a nivel mundial. El problema es que la vida útil del deportista es corta y cuando se retira en muchos casos les queda más de la mitad de su vida por delante. Representantes, lujos y demás son algunos de los personajes que conoce el deportista a lo largo de su carrera, y que pueden ser también los factores que lo lleven a la ruina.

Finanzas: un gol en contra para los atletas

El gran problema de los deportistas es que tienen tanto dinero que a veces ni ellos saben la magnitud de la cifra. Sus cuentas bancarias por lo general son administradas por sus representantes y sus gastos son todos de consumo y de corto plazo. Ahí aparece el problema: si el deportista se tomara un tiempo para educarse mínimamente en finanzas, podría asegurarse que la fortuna que amasó en sus años de carrera no se esfumará cuando finalmente ésta termine.

Otro problema que tienen los deportistas es que a veces tienden a dejar su dinero en manos equivocadas, y no necesariamente hablamos de su representante. Raghib Ismael, que fue el primer universitario seleccionado de un draft de la liga de fútbol americano estadounidense, había juntado alrededor de 20 millones de dólares a lo largo de su carrera. No obstante, terminó cayendo en bancarrota luego de que su capital se esfumara debido a que invirtió dinero de la mano de asesores que lo llevaron a campos financieros no rentables. Sus malas apuestas incluyeron cabinas telefónicas para hablar con tarjeta, hacer una película y lanzar una marca de cosméticos, sin éxito alguno.

Después aparecen deportistas que han tenido problemas con la Justicia y que los mismos deslices legales los llevaron a la quiebra. En primer lugar aparece Marion Jones, ganadora de tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. En 2007, la atleta fue culpada por doping y, en materia financiera, fue acusada de evadir impuestos y fraude, lo que la sentenció a prisión por seis meses. Cuando salió de la cárcel, se declaró en bancarrota y entregó todas sus medallas.

Para los amantes del básquet, también tenemos un ejemplo que no se llevó bien con las finanzas y pagó las consecuencias por ello. Allen Iverson, quien fue por mucho tiempo el jugador estrella de los Filadelfia Sixers en la NBA, llegó a amasar una fortuna personal de 150 millones de dólares –sin contar publicidad. Recientemente fue a juicio de casi 1 millón de dólares contra un joyero y, ante la imposibilidad de saldar su deuda, el juzgado se apoderó de su cuenta bancaria. Iverson terminó sufriendo por ese millón de dólares dado que siempre fue conocido por vivir en los excesos y en gastar montañas de dinero de sus contratos en la NBA. Si se hubiese interesado por aprender a manejar su dinero conscientemente, no habría llegado a eso.

Para quienes lo estaban esperando, quédese tranquilo que dejamos lo mejor para el final. Si hay alguien que supo ver la gloria y la fortuna fue el boxeador –devenido bailarín de Marcelo Tinelli- Mike Tyson. El icónico pugilista estadounidense llegó a tener una fortuna personal de 400 millones de dólares, pero los problemas en su vida privada lo llevaron a… deber 700 millones de dólares. Sí, 700 millones. Luego de ir preso por violación, sus problemas financieros empezaron a atormentarlo hasta llegar a “Bailando por un sueño”.

Como verá, lo ideal en estos casos no es decir si uno prefiere ser académico o ser un deportista multimillonario. Si se pudiera combinar la capacidad de un atleta para hacer mucho dinero y la facultad pensante de un académico, estaríamos frente a un nuevo Carlos Slim. 

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