¿Podrá la madre de los BlackBerry salir del pozo?

En un abrir y cerrar de ojos Research in Motion (RIMM) pasó de ser el líder en la fabricación de dispositivos de comunicaciones a ser un mero jugador. Es así que Thorsten Heins, su nuevo CEO tiene una ardua tarea por delante.

A pesar de las buenas intenciones de Heins y su aspecto serio, la opinión pública duda de su capacidad y piensa que su tarea es tan complicada que raya en lo imposible.

¿Será Heins lo que RIM necesita?

“Yo no creo que un cambio drástico sea necesario”, fue una de las frases que los usuarios e inversionistas de RIM recuerdan y lo que los lleva a dudar de que pueda ser el salvador de la empresa.  

El CEO les pidió paciencia a sus consumidores ya que, según contó, la última versión de “BlackBerry 10” estará disponible en algunos meses. Pero la realidad es que RIM no puede darse el lujo de decirles a sus clientes, tanto actuales como potenciales, que esperen a un futuro lanzamiento.

Si bien es cierto que una actualización en el sistema operativo no puede ser apresurada,  también es cierto que el iPhone y el Android –por  no hablar también de Nokia, Symbian y Windows- no estarán en la espera de ver cuál es el próximo movimiento de RIM, sino que estos teléfonos siguen actualizándose y avanzando casilleros, mientras que los de RIM se queda cada vez más lejos.

Los números financieros de la empresa sustentan este pesimismo. Si bien los ingresos y el patrimonio de los accionistas se están moviendo –aunque lentamente- hacia adelante, la utilidad neta está disminuyendo rápidamente y si la tendencia de los últimos trimestres continúa, la empresa pronto comenzará a perder dinero.

Es difícil imaginar que hubo un momento en que RIM manejaba el sistema operativo de los teléfonos de la mayor parte de los usuarios de smartphones. También es difícil imaginar lo rápido que el panorama cambió. En sólo cuatro años las mismas fuerzas han estimulado al iPhone de Apple y el Android de Google para ubicarse en el primer y segundo puesto del mercado de telefonía móvil, dejando a RIM en el limbo.

RIM alcanzó su apogeo en el siglo XXI, gracias a un concepto innovador fácil de definir y fácil de apreciar: su línea de productos permite a los usuarios enviar y recibir mensajes de correo electrónico sin estar atado a un lugar físico de trabajo. Pero al igual que la mayoría de los cambios exitosos, este concepto de e-mail móvil avanzó rápidamente en toda la industria de la telefonía celular. De esta manera, el servicio de BlackBerry dejó de ser un algo único e indispensable para pasar a ser una plataforma que hoy en día tiene la mayoría de los teléfonos móviles.

Sus principales competidores supieron adaptarse a los tiempos.  Apple logró terminar con la percepción de que el iPhone era un dispositivo poco acorde a una persona de negocios antes de que la idea haya tenido la oportunidad de echar raíces. De esta manera, el iPhone funcionó a la perfección con Microsoft Exchange ActiveSync y se aprovechó de la deficiencia estructural de RIM al no brindar un servicio, y Apple sí, para enviar mensajes a alguien que tiene un dispositivo en una plataforma diferente. Por su parte, Android –de Google- hizo lo mismo, logrando cambiar de acuerdo al entorno.

Pero a diferencia de estas dos grandes compañías, RIM no logró continuar con su expansión y no supo cómo adaptarse a las situaciones corrientes. Si bien creó una amplia gama de modelos, la mayoría de ellos sólo difieren en la apariencia. Ni siquiera el cambio de mando –que pasó a estar dirigida por Heins- parece estar salvando a la empresa. La acción ha perdido aproximadamente el 74% de su valor en el último año y baja al ritmo de pérdida de participación de mercado. Hoy cotiza en el punto más bajo de los últimos 8 ocho años a alrededor de US$ 15.

Entonces, la pregunta inevitable es cuál será la siguiente parada. ¿El olvido? Muchos especialistas así lo afirman, pero lo cierto es que habrá que esperar y ver si los profesionales a cargo, sobre todo Heins, son capaces de agarrar el timón a tiempo y cambiar el rumbo de la empresa antes de que sea demasiado tarde.

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