La guerra de los bancos centrales parece no terminar

Hace unos días el Banco de Japón anunció un aumento de 10 billones de yenes (casi US$ 124.000 millones, unas diez veces lo que el año pasado pagó Google por Motorola) en su propio QE, con lo que suma un total de 65 billones de yenes inyectados a su largamente deflacionaria y estancada economía. 

La jugada de los gestores de la política monetaria nipona fue consecuencia de nuevos datos económicos extremadamente débiles, mostrando una contracción en el PBI del cuarto trimestre de 2011, la tercera en los últimos cuatro cuartos. Exactamente lo contrario de lo que necesita. Localmente, un yen fortalecido más un lento crecimiento de sus principales socios comerciales ha dañado fuertemente sus exportaciones, con el total de su economía siendo aún 4% más pequeña de lo que era a comienzos de 2008. Al parecer, Japón no sale del pozo. 

En revista InversorGlobal dimos una profunda mirada sobre el mercado nipón hace unos meses, Oportunidades de inversión en Japón, pensando en que la reconstrucción post tsunami estaba dando un nuevo impulso a su actividad económica. Mucho de este análisis se mantiene intacto, pero pensando en el largo plazo. 

Sin embargo, no esperemos milagros de la última jugada del Banco de Japón, escribió el Wall Street Journal. Para el diario estadounidense, el problema de la economía japonesa no está en la falta de dinero, y muchos menos en tener dinero barato. Considerando que el banco central japonés lleva más de una década con sus tasas de interés en niveles cercanos a cero, el problema, dice WSJ, es que las grandes empresas japonesas no están interesadas en invertir en su propia economía, ya porque los japoneses siguen reticentes a gastar o porque no existe una fuerte competencia extranjera que los empuje a hacerlo. En ese sentido, propone la revista inglesa Money Week, incentivar la inversión podría ser una idea más sensata que simplemente inundar todo de yenes y esperar que las cosas se arreglen por sí solas.

Porque los cerebros del Banco de Japón están esperando que la impresión de más yenes pueda debilitar su moneda y, por la tangente, mejorar la competitividad de sus exportaciones. Pero el problema es que todos los grandes bancos centrales están en lo mismo. La última jugada del emisor nipón representa una expansión de 7% en su hoja de balance. Es bastante, pero el año pasado el Banco Central Europeo hizo lo mismo en un equivalente a ¡36%!

Todos están luchando por debilitar sus monedas al imprimir e imprimir. ¿Se trata, como dice el WSJ, que estamos entrando en una era de “QE competitivo”? En ese sentido, la clave está en pensar en qué “dinero” NO puede ser impreso y, por lo tanto, debilitado en su valor. 

Una pista: es dorado.

Saludos, 

Felipe.

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