El costo oculto detrás de las malas inversiones: un análisis sobre riesgo geopolítico

Gustavo Neffa

Muchas veces hemos escuchado hablar del riesgo geopolítico, o del riesgo político a secas. Pero no nos ha importado ni ha formado parte del conjunto de factores de riesgo a la hora de decidirnos por una inversión. No importaba si esa empresa era originaria de un recóndito país de Medio Oriente manejado por una dictadura, sino solamente que nos pagara altos cupones en tiempo y forma. Tampoco formaba parte de nuestro menú de factores de riesgos el saber dónde tenía localizada las inversiones aquella empresa solar, que parecía muy norteamericana por su nombre pero que en realidad era una empresa china, o bien qué tan regulado estaba determinado sector de algún país sudamericano con gobernado por el populismo y con soluciones heterodoxas en contra del capital privado.

Pero después de leer esta nota ya nada debería ser lo mismo. Porque el riesgo de la localización de las inversiones o el impacto de decisiones políticas estratégicas sobre determinados activos clave para la economía mundial –como, hoy, el petróleo- es importante.

La condición suficiente para realizar una inversión es que el rendimiento que se espera obtener con ella supere al coste de financiarla. Éste último depende, entre otras cosas, del riesgo político. Cuanto mayor sea, mayor será el costo de financiamiento, lo que puede llegar a hacer inviable la inversión. En presencia de un riesgo geopolítico elevado, el inversor debería elevar la prima de riesgo que debería demandar para aceptar esa inversión, o aumentar la tasa de descuento. Y viceversa: desconfíe de aquellas inversiones que no aparentan tener muchos riesgos y que prometen retornos incoherentes. En mercados eficientes ese retorno no existe: o el mercado no es eficiente y deberíamos ser los primeros en concretar esa inversión, aún con el riesgo que conlleva ser pioneros. Por eso el riesgo geopolítico es como el costo oculto detrás de las malas inversiones. Aquellos factores que no han sido debidamente tenidos en cuenta detrás de una correcta evaluación previa.

Definiendo el riesgo

Cuando hablamos de geopolítica, lo primero que nos viene a la mente son eventos extremos: terrorismo, sabotajes, revoluciones o golpes militares, un riesgo extralegal que no tiene que ver con el Estado en sí. Estamos hablando, con temas de hoy en día, por ejemplo, de un bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán y un eventual ataque de Occidente que emergería como un claro conflicto a resolver este año.

Pero aún usando este ejemplo, lo que busco es instalar la idea de que en la mayoría de los casos es exactamente lo contrario: como inversores debemos analizar con una lupa bien grande el riesgo legal-gubernamental. Mirar la situación actual o posibles cambios adversos referentes a variables cruciales en la economía y/o en temas legales que puedan involucrar la disponibilidad de los fondos disponibles para repagar la inversión que estamos llevando a cabo.

Por eso deberíamos empezar a analizar el riesgo país en sentido amplio, en tanto hace referencia a la incertidumbre asociada al rendimiento de la inversión que surge al negociar con las empresas o instituciones de un Estado determinado. Analizar las posibles consecuencias negativas referentes al valor de los activos situados en dicho Estado o a los derechos de los residentes en el mismo, como consecuencia de alteraciones en las estructuras políticas, económicas y sociales del país en cuestión.

El riesgo país en sentido amplio se compone de tres riesgos esenciales:

Para avanzar en la tarea de analizar el riesgo país en “sentido amplio”, establecemos tres riesgos esenciales:

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