Cuando los movimientos sociales afectan mis inversiones

Muchas veces se habla de la responsabilidad social y ambiental de las empresas de manera liviana y superficial. Sin embargo, cada vez es más evidente que es una variable que no debe soslayarse cuando se evalúan nuevos proyectos de inversión.

Ya vimos el caso la china Foxconn en la nota Grandes compañías que podrían ser afectadas por la tercerización. Esa empresa, que maquila productos para gigantes de la tecnología como Apple o Amazon, vio peligrar su operación ante una serie de denuncias por maltrato laboral y trabajo infantil.

En ese sentido, muchas compañías alrededor del mundo se están encontrando con movimientos sociales inesperados que alteran sus planes de inversión y replantean la forma en cómo deben analizarse todos los efectos negativos que puedan desprenderse de los proyectos.

El fenómeno, por lo que sucede hoy en Argentina, es muy evidente para las empresas vinculadas a la actividad minera. Famatina y Tinogasta, en las provincias argentina de La Rioja y Catamarca, son claros ejemplos actuales.

Sin embargo, no son los únicos.

Hace unos meses, una de las mineras más importantes del mundo, Newmont Corporation, tuvo que suspender provisoriamente una inversión de US$ 4 mil millones en Perú para el desarrollo de una exploración minera como consecuencia de las revueltas sociales que el plan generó en los habitantes de la región.

Hasta el momento no se han logrado avances y las partes se encuentran en arduas negociaciones para intentar llegar a un acuerdo.

Hace unos años se implementó en los mercados financieros la negociación de “bonos verdes” que recibían aquellas empresas que desarrollaban sus operaciones de manera sustentable y amigable con la sociedad y el medio ambiente. Aquellas empresas que no aplicaban esas políticas, debían comprar esos bonos para evitar recibir sanciones económicas de gran envergadura.

De esta manera, se generaban incentivos para que las empresas avancen en la aplicación de políticas limpias para el desarrollo de sus actividades ordinarias.

Sin embargo, la falta de voluntad de muchos países en cumplir con las normas del Tratado de Kyoto para reducir la contaminación global ha sido un mal ejemplo para las corporaciones.

En definitiva, estos procesos sociales y ambientales deben ser considerados por el inversor antes de posicionarse en determinadas acciones de compañías cotizantes ya que tendrán una importancia cada vez mayor sobre las actividades futuras de las empresas.

Eventos inesperados pueden alterar la evolución de los negocios y tener efectos negativos sobre nuestras inversiones de portafolio.

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