Aprender a invertir en la nueva era del conocimiento

Reportando desde Punta del Este, Uruguay.

Varias veces desde esta columna hablamos del impacto que tiene Internet sobre nuestras vidas como inversores. Hablamos de lo fácil que es invertir hoy en cualquier activo del mundo, de lo viable que es acceder a mucha más información de la que alguna vez imaginamos y de lo simple de comunicarnos hoy de una forma veloz y efectiva.

Pero no siempre hablamos desde esta columna del impacto que está teniendo Internet sobre el trabajo y sobre la forma de exportar en este nuevo mundo globalizado. El portalInfobae reportaba días atrás:

“El balance cambiario del Banco Central dio cuenta que entre enero y diciembre del último año el rubro ‘servicios empresariales, profesionales y técnicos’ ingresaron al país US$ 4.976 millones. Aumentó 22,1%. Superó a las exportaciones de metales básicos y de piedras y metales preciosos.

“El informe de la autoridad monetaria también dio cuenta de que la salida de moneda extranjera por el pago de esos servicios contratados en el resto del mundo se elevó a US$ 2.612 millones, con un incremento de 24,8 por ciento.

“De este modo, el balance del año arrojó un superávit de U$S 2.364 millones, acusando un salto de U$S 382 millones en comparación con el saldo del año anterior.

“Pese a la pérdida de competitividad cambiaria que se observó en el último año, porque los costos, en particular los vinculados con los salarios, dado que se trata de un rubro mano de obra intensiva, crecieron a tasas que triplicaron la tasa de devaluación nominal del peso, los estudios profesionales pudieron concretar crecientes negocios con el exterior.

“El informe del Banco Central no dio cuenta de la apertura de ese segmento. Pero se estima que las ramas que más han crecido en la firma de contratos con clientes del resto del mundo habrían sido los vinculados con los servicios informáticos, como los de programación y desarrollo de producto, y también con campañas de marketing y publicidad. También se habrían destacado los estudios de arquitectura y de diseño, entre otros.

“Este fenómeno surgió a partir de 2002, cuando se asistió a una mega devaluación de la moneda nacional, y desde entonces pasó de tres dígitos bajos de millones de dólares generados por la exportación de sus actividad a cuatro altos en la actualidad.

“De este modo, la exportación de servicios empresariales, profesionales y técnicos multiplicó por 12 en menos de una década su capacidad para generar divisas y fue clave para elevar en más de 40 veces el resultado del balance de moneda extranjera, ya que las importaciones del rubro aumentaron poco más de 7 veces.”
Para exportar este tipo de servicio se necesita muy poca infraestructura, muy poco capital “tradicional”, pocas máquinas y pocos inmuebles. Pero sí se necesita un capital mucho más arduo de producir: capital intelectual.

Un capital que lleva mucho tiempo desarrollar, pero que una vez que se obtiene puede brindar resultados extraordinarios. No estoy hablando de nada complicado. Estoy hablando de programadores argentinos que arman una empresa y venden sus servicios a cualquier país del mundo. O de publicistas que venden su creatividad y frescura al mundo. O de vendedores telefónicos que saben hablar inglés y que venden su tiempo a alguna empresa estadounidense. O de artistas o deportistas que muestran su arte al mundo y reciben a cambio interesantes honorarios.

Lo impactante es que durante los últimos diez años estas exportaciones aumentaron 12 veces, según informó el banco central. Imagine si durante los próximos diez años logramos aumentar estos ingresos otras 12 veces. Estaríamos exportando US$ 60 mil millones al año en servicios creativos de los argentinos. Y por supuesto, lograda esta meta, todos los problemas que tiene el Gobierno en la actualidad para conseguir dólares quedarían en el olvido. Nos sobrarían dólares.

Pero… ¿usted vio que el Gobierno tomara alguna medida, durante  los últimos meses, que apunte a incentivar estas exportaciones?

Yo no sólo no vi ninguna, sino todo lo contrario, estoy viendo medidas todos los días que están ahogando a esta industria exportadora argentina. Es decir, no sólo no se incentiva esta enorme oportunidad sino que se la complica.

El control del mercado de cambios es uno de los grandes obstáculos que este tipo de empresas tienen hoy. Unas pocas semanas atrás un emprendedor argentino que desarrolló una empresa que vende software al exterior me comentaba:

“Cuando realizo una venta al exterior tengo la obligación de traer el dinero a la argentina. Ese dinero llega en pesos después de completar un sinnúmero de formularios, pagar impuestos y pagar altas comisiones. Luego, cuando tengo que pagarle a un proveedor del exterior, tengo que pedir una autorización para transferir dinero al exterior que nunca sé si me la van a dar. Si tengo la suerte de que eso ocurra, tengo que convertir de nuevo mis pesos a dólares y pagar altas comisiones nuevamente. Con la diferencia de cambio entre la compra y la venta, las comisiones y los impuestos, pierdo un 14% de lo que cobro por mi venta”.
Y finalmente este emprendedor concluyó: 

“Así no puedo seguir trabajando, no es viable mi negocio. Por eso armé una empresa en Uruguay y a partir de ahora todo mi negocio va a pasar por allí. Sólo voy a traer a Argentina lo mínimo para pagar sueldos y gastos básicos”.
Este es sólo un caso real de los muchos similares que conocí durante las últimas semanas. Casos de empresarios argentinos que aman su país y que les encantaría hacer todos sus negocios en él, pero que hoy no pueden.

Si esta tendencia continúa, en el mediano plazo, esta cifra de exportaciones de servicios no sólo no subirá, sino que seguramente empiece a bajar. Y esto es especialmente lamentable para un país con las cualidades argentinas. Los argentinos tenemos talento y creatividad, dos cualidades que son muy buscadas en este nuevo mundo globalizado. Pero esta es sólo una condición necesaria para que esta industria se desarrolle. Si el contexto del país no ayuda, esta industria no crecerá. O si lo logra hacer, crecerá en el exterior, como el caso del emprendedor que le mencioné anteriormente.

Más allá de esto, como inversores tenemos que tomar nota de esta realidad e incluir dentro de nuestro portafolio de inversiones compañías con este perfil. Globant en la Argentina es un buen ejemplo del éxito de este tipo de empresas. Lamentablemente como inversores hoy no podemos invertir en Globant. Pero si todo sale bien, en algunos meses cuando esta empresa empiece a cotizar en la Bolsa de Estados Unidos lo vamos a poder hacer.

Mientras, compañías como Google, Apple y pronto, Facebook, son fieles ejemplos de esta nueva economía del conocimiento, la creatividad y la innovación. Como inversores individuales y globales, hoy podemos ser socios de estas empresas de vanguardia sin ningún problema.

ALGUNOS PENSAMIENTOS ADICIONALES…

Cambiamos las playas de Nicaragua por las playas de Punta del Este. No voy a entrar en el juego de pensar cuales son mejores… pero sí le puedo decir que ambas tienen características únicas. Y si la semana pasada le hablaba del incipiente boominmobiliario nicaragüense, esta semana en Punta del Este esto es muchísimo más evidente.

Siempre me pregunto qué pasará con los precios de las propiedades inmobiliarias en Punta del Este durante la próxima década.  Hace una década que no paran de subir. Pero el agotamiento de la economía argentina puede ser un obstáculo difícil de sobrepasar para los precios esteños. 

Si bien hoy los compradores de propiedades no son sólo argentinos -los  brasileños y europeos se sumaron durante los últimos años- el argentino aún explica gran parte del movimiento en este mercado. Por lo tanto una crisis argentina tendría que impactar, por supuesto. La cuestión estará en ver cuál es la envergadura de ese impacto. 

Más allá de eso, nuestro viaje no pasó por allí. Pasar unos días en familia fue la excusa para “cruzar el charco”. El martes nos encontramos en Buenos Aires nuevamente.

Buen fin de semana,

Federico Tessore.
Para Inversor Global.

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