Crítica al blanqueo de capitales

Entre las medidas que el Gobierno anunció días atrás para resistir la crisis económica que se avecina, se destaca el plan de incentivos al blanqueo de activos financieros no declarados ante el fisco, cuya naturaleza da cuenta de la preocupación oficial por la alta probabilidad de que las turbulencias externas impacten fuertemente sobre la actividad local y el empleo.
 
De este modo, luego de hablar irónicamente del efecto “jazz” y de pensar que la crisis internacional mágicamente no nos afectaría, el Gobierno admite sin decirlo sus temores y actúa en consecuencia, buscando revertir la tendencia a la salida de capitales del país, fenómeno que podría terminar adelantando el arribo de una recesión.
 
Al mismo tiempo, el matrimonio Kirchner necesita engrosar las cuentas fiscales, pilar importante en su manera de administrar el poder y dato clave para entender el carácter político que esconde la propuesta de blanqueo de capitales.
 
Detalles y críticas a la medida
 
Quienes declaren fondos ocultos al fisco y los dejen en el exterior pagarán un 8% de multa sobre el capital reconocido. Por ingresar las divisas al país sin especificar sus fines se tributará un 6%. Un 3% abonarán aquellos que las destinen a la compra de títulos de deuda pública y deberán resignar tan sólo un 1% quienes realicen inversiones inmobiliarias, agro-ganaderas, industriales o en infraestructura.
 
“¡Bingo!”, habrán pensado las autoridades cuando surgió la idea. “Ingresan fondos para fortalecer la economía y se generan ingresos fiscales en un momento difícil”.
 
Claro que para que ello ocurra es necesaria la existencia de interesados en traer sus fondos al país, hipótesis aventurada si se recuerda que apenas semanas atrás se expropiaron los fondos de las AFJP para brindarle mayores recursos al Estado.
 
Un par de años atrás la medida podría haber tenido cierto éxito, pero en la actual coyuntura uno se permite dudarlo.
 
Por otra parte, no debemos ignorar que esta medida puede generar serios inconvenientes en lo que respecta a la lucha contra el lavado de dinero. Tampoco, la enseñanza para los contribuyentes: el país premia con moratorias e incentivos al blanqueo a quienes evaden impuestos, mientras que no ofrece premios para los cumplidores.