Historia de las burbujas financieras: la crisis del ‘30

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Las causas de la gran depresión que vivió Estados Unidos y el mundo entero en los ’30 aún se discuten. Cada escuela económica encuentra sus argumentos para explicar la crisis y en general el debate gira en torno de un eventual exceso en la oferta de bienes norteamericanos al exterior, insuficientes niveles de consumo interno y una emisión monetaria descontrolada que derivó en el otorgamiento no regulado de créditos bancarios. 
 
Lo cierto es que los tiempos que precedieron a la crisis fueron de gran prosperidad para los estadounidenses, al punto que en 1928, en su último discurso en el Congreso, el entonces presidente John Calvin Coolidge Jr. sostuvo: “Ninguno de los congresos norteamericanos reunidos hasta ahora, al examinar el estado de la Unión, ha contemplado una perspectiva más grata… El país puede contemplar el presente con satisfacción y el futuro con optimismo”. (“El ciclo de la ilusión y el desencanto”, p. 111).
 
Tantos años de bonanza se reflejaban en la Bolsa: en el lustro previo al derrumbe de los precios de las acciones, éstos habían aumentado 330%, llevando al promedio industrial Dow Jones a un máximo de 381,17 puntos a principios de septiembre de 1929, nivel que recién lograría superar en 1954.
 
Las empresas cotizantes ganaban más dinero que a mediados de los ’20, aunque en proporción sus beneficios no habían crecido tanto.
 
Llegado este punto vale aclarar que el crash bursátil no se produjo en 1930 sino el 24 de octubre de 1929 en Nueva York, día que fue recordado como el “jueves negro” a causa del pánico que cundió en el mundo financiero.
 
Ese día, luego de varios descensos moderados que se venían observando desde los máximos de septiembre, se produjo el primer gran derrumbe: las acciones iniciaron la jornada con pérdidas del 9% promedio y cuando el miedo se apoderó del público la policía debió suspender la rueda de operaciones.
 
Una hora después del mediodía, ya reanudadas las negociaciones, se observó una tenue recuperación producto de la intervención de los bancos en el mercado. Estos, con entre 20 y 30 millones de dólares, lograron detener momentáneamente la caída, que se profundizaría recién el lunes 28 y el martes 29, con una merma récord para el Dow del 13% el primer día y 16,4 millones de papeles vendidos el segundo, una marca que no se batiría hasta el año 1969.
 
Otro derrumbe generalizado de precios tuvo lugar el 13 de noviembre, cuando el Dow Jones cerró en 198,6 puntos, experimentando un retroceso de casi el 50% en poco más de dos meses. Sin embargo, el mercado supo recuperarse hasta alcanzar un pico de 294 unidades en abril de 1930.
 
Pero un año más tarde las cotizaciones retomaron con firmeza el camino descendente para llevar al Dow Jones a sus mínimos históricos del siglo XX: los 41,22 puntos, que implicaban un deterioro del 89% en relación con el máximo de 1929.
 
Aún hoy circulan versiones que aseguran que ya en los primeros días del crac se llegaron a ofrecer paquetes de acciones a un tercio de su valor, sin encontrar comprador. Y que muchos millonarios y ricos inversores se lanzaban desde los rascacielos, incapaces de asumir la debacle financiera.
 
Comparaciones entre las crisis
 
A raíz de los últimos sucesos que hicieron recordar aquella crisis del ’30, distintos medios publicaron las opiniones de sus periodistas especializados y de los expertos acerca de las semejanzas y diferencias con la actual.
 
Rescatamos las siguientes:
 
Similitudes
 
Julio Sevares (periodista, diario Clarín):
 
El auge de la bolsa neoyorquina fue empujado por expectativas autocomplacientes y alimentada, como en las especulaciones contemporáneas, por la compra de activos a crédito. Cuando la bolsa se desplomó se produjo una implosión de corte de crédito, caída de la demanda y de los precios nacionales e internacionales.
 
Por encima de las diferencias de escenario, resuenan ahora las líneas que Galbraith escribió hace 25 años en El crac del 29: “Un rasgo común a las crisis anteriores fue que una vez que habían tenido lugar, concluían… El rasgo más singular de la catástrofe de 1929 fue que lo peor empeoraba continuamente.”
 
Daniel Heymann (economista, diario Crítica):
 
Los años previos a la crisis del 29 fueron de alto crecimiento, al igual que estos últimos años. En esa época veníamos de un mundo que se había acostumbrado a crecimiento económico y rendimientos altos, y a aumentos de la demanda y de los ingresos. Estos últimos años también lo fueron. La pregunta que surge es si va a haber ahora un cambio de fase en el ciclo económico y de qué intensidad.
 
Mario Rapoport (economista, diario Crítica):
 
Hay similitudes en las causas de ambas crisis. En la década del 20 hubo grandes movimientos de capitales, mucha especulación financiera y también en el sector de la construcción. Las compañías tenían acciones de compañías que tenían acciones. Cuando se vinieron abajo los títulos de las compañías que tenían los valores más altos cayó todo como un castillo de naipes.
 
Tomás Bulat (economista, Infobae Profesional):
 
Con la crisis del ’30 hay similitudes porque hubo una burbuja especulativa en las acciones. Entonces, cuando se cayó la bolsa, el banco tenía pérdidas porque la gente compraba acciones con préstamos bancarios. La gente le pedía dinero al banco para comprar acciones, pero cuando cae todo no puede pagar y cuando el banco ejecuta, se encuentra con que las acciones valen menos y tiene pérdida. Ahora en vez de acciones hay casas: la casa de 1.000.000 ahora vale 600.000 y le da pérdida al banco al ejecutar al deudor hipotecario.
 
Roberto Cortés Conde (historiador, economista, diario La Nación):
 
Las causas son siempre las mismas: una burbuja especulativa. En aquella crisis, fue una especulación en el mercado accionario. Los brokers pedían dinero a los bancos, que a su vez prestaban adelantos de la Reserva Federal (Fed). Había una política permisiva, hasta que la Fed dejó de prestar, lo que generó ventas generalizas de activos y una crisis de solvencia. En la actual crisis, no hay una especulación en acciones sino en la cantidad de préstamos hipotecarios. Se generó una burbuja de aumento de precios por el aumento de demanda de propiedades. Cuando la gente no pudo pagar, bajaron los precios y así las garantías colaterales dejaron de responder y afectaron a los bancos.
 
Diferencias
 
Julio Sevares (periodista, diario Clarín):
 
La gran diferencia entre el escenario de ese entonces y el actual es que en los treinta los gobiernos estaban comprometidos con el sistema de patrón oro, que restringía las opciones de medidas de creación de liquidez. En ese sistema, un aumento en la masa monetaria reducía el respaldo de los billetes en oro y divisas y provocaba salidas de capitales. Como explica Barry Eichengreen en Globalizing Capital, en el patrón oro, las medidas de creación de liquidez tenían poco efecto o un efecto contrario al buscado. En la actualidad los bancos centrales, grandes y chicos, emprendieron, desde los primeros síntomas de crisis una política de aumento de liquidez y soporte del sistema. Si estas medidas, además de necesarias, son suficientes, es parte de otra discusión.
 
Daniel Heymann (economista, diario Crítica):
 
En ambas situaciones hubo una caída en los precios de los activos. Pero en la crisis actual no es de la importancia que tuvo en el crash del 29. Si bien esta crisis es muy fuerte y la caída de las instituciones financieras es importante, se trata de un proceso que desde el punto de vista de la caída del precio de los activos es incipiente y no se desarrolló con intensidad. Otro elemento diferenciador es que en la crisis de los años 30 hubo deflación. La deflación es muy problemática porque los ingresos caen y las deudas quedan. Esto multiplica los problemas de los deudores y a su vez de los acreedores, que no pueden cobrar. En la crisis actual, diría que es muy difícil que se produzca una deflación a gran escala, es un escenario que yo descartaría y que tiende a eliminar un mecanismo de propagación y reduce el tamaño del impacto. Que no se espere deflación de los precios internos en los países industriales no significa que queden a salvo las commodities, cuyos precios pueden caer. Lo que cuidan los bancos centrales de esos países son sus economías.
 
Mario Rapoport (economista, diario Crítica):
 
La primera diferencia es que en el 30 no había habido una crisis igual y tomó por completo de sorpresa. Ahora se sabe que hubo esa crisis y también la de los 70, que causaron estragos en la economía norteamericana. Otra diferencia es que ahora estamos frente a una crisis que pareciera más financiera, mientras que la del 30 fue más estructural, con una caída brutal del PBI norteamericano, desempleo, cierre de empresas, quiebras bancarias. Todo eso hizo replantear los esquemas económicos dominantes hasta entonces. El New Deal que aplicó Franklin Roosevelt se basó, más que en las teorías de Keynes, en los economistas que seguían la llamada “escuela institucional norteamericana”, contraria a la que establecía que la oferta creaba su propia demanda. Estos economistas planteaban la intervención del Estado para reactivar la demanda en lugar de hacerlo a través de medidas monetarias.
 
Juan Carlos De Pablo (economista, Infobae Profesional):
 
La diferencia con la crisis del 30 es la magnitud, porque aquella terminó durando una década con tasas de desocupación del 25% y un PIB que cayó a la tercera parte.
 
Fausto Spotorno (economista, Infobae Profesional):
 
La principal diferencia es que lo de ahora ya se esperaba, en cambio en el 30 tomó por sorpresa, pues todos creían que la economía seguía creciendo. Además, hoy los policy makers (organismos monetarios, como la Fed) manejan mejor la crisis que en aquel entonces.
 
Gabriel Caamaño (economista, Infobae Profesional):
 
La similitud con la crisis del 30 es que ambas empezaron en el mercado inmobiliario(aunque en el 30 fue mayoritariamente en las acciones), pero la diferencia es que en el 30 no había bancos centrales que regularan, es decir que la liquidez mundial era totalmente demanda y oferta y eso hace que cualquier efecto especulativo hiciera caer todo. 
 
Tomás Bulat (economista, Infobae Profesional):
 
La diferencia con aquel entonces es que ahora hay una Reserva Federal sólida y coordinación con los bancos centrales de otros países, que pueden amortiguar el problema por diferentes vías, como inyectando liquidez o bajando tasas.
 
Roberto Cortés Conde (historiador, economista, Puntobiz.com):
 
En ese entonces las consecuencias fueron mucho más graves de lo que todos los especialistas preveían. En los años 30, frente a la situación de iliquidez de los bancos, la Reserva Federal no hizo nada pensando que se trataba de una burbuja especulativa, con lo cual no emitió dinero y en cambio ahora hay operaciones de salvataje.