Asumamos nuestra responsabilidad en la crisis financiera

Responsabilidad: Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.
 
La crisis financiera norteamericana estalló frente a nuestras narices. Iliquidez financiera, caída de bancos y brokers antes símbolos de poderío y solvencia, corridas bancarias protagonizadas por ahorristas, bancos centrales que inyectan sumas multimillonarias, gobiernos desorientados, pronósticos apocalípticos, carteras de bonos y acciones preferentes que fueron adquiridas en estrategias conservadoras pero que sufrieron caídas del 40% e inversores que reingresan a la Argentina sus ahorros depositados en los EE.UU. porque consideran más seguro a nuestro país. Todo esto constituye la instantánea del presente, o del mundo del revés…
 
Y en el medio de esta locura, con el “efecto Jazz” en plena etapa de desarrollo y el término “pánico” que vuelve a ganar las tapas de los diarios, nosotros como inversores nos encontramos buscando decodificar la realidad emergente, muchas veces paralizados y culpando a la codicia de Wall Street, al presidente de los EE.UU., a la FED y a cualquiera que se cruce en el camino.
 
Las preguntas que escucho a mi alrededor se repiten una y mil veces: ¿Qué hacer frente a este panorama desolador? ¿Cómo proteger nuestros ahorros? ¿Se puede ganar dinero con esta crisis? Ante todo, lo que propongo es asumir nuestra responsabilidad en la crisis.
 
Imagino el enojo de muchos lectores, con argumentos del tipo “¿Qué tenemos que ver nosotros en todo este pandemonium si vivimos en un país que ni siquiera es calificado como emergente, sin acceso al crédito internacional y sin un mercado de capitales desarrollado?
 
Pues bien, tengo noticias para todos los que piensen de esa manera: nosotros también somos responsables -aunque no culpables- de lo que está pasando.
 
A mi entender, tanto frente a esta situación como a cualquier otro evento en nuestra vida, tenemos dos alternativas: culpar a los otros o asumir algún grado de responsabilidad.
 
Si optamos por la primera, pensaremos también que no podremos hacer mucho por modificar la realidad. Es que si la culpa la tiene el otro, está en él encontrar la solución al problema. Así nos encontraremos solos ante el miedo que paraliza, con los brazos cruzados aguardando que el salvataje o algún otro manotazo de ahogado nos regresen a la tranquilidad perdida.
 
Si optamos por la segunda opción, la resolución del problema quedará al menos en parte en nuestras manos. El primer paso sería reconocer que esta burbuja financiera -como cualquier otra de las tantas que hubo en la historia económica reciente- necesitó de la complicidad de todos y cada uno de nosotros para desarrollarse.
 
Algunos deberán reconocer que hace tiempo se viene alertando sobre este tema, pero que decidieron hacer caso omiso a las advertencias por nihilistas o para no resignar rentabilidad.
 
Otros deberán aceptar que tras comprar acciones o bonos de bancos en julio de 2007 o después, se sumaron al “pacto de negación” del problema subprime celebrado por los brokers, la SEC y la Reserva Federal estadounidenses, además de sus primos europeos.
 
Sea cual haya sido nuestro comportamiento, en mayor o menor medida hemos alimentado esta crisis y no sirve de nada mirar hoy las cosas desde la óptica de la culpabilidad del otro. Pensemos en nuestra responsabilidad y en las posibles respuestas que podemos dar como inversores.
 
Mi pálpito
 
Quiero aclarar que no tengo idea cuál será el curso de los acontecimientos, pero sí reconozco un pálpito muy fuerte: en lo que queda de 2008 y en gran parte de 2009 nos veremos envueltos en un contexto financiero de oportunidades increíbles.
 
Si leemos las biografías de muchachos de la talla de George Soros, Warrent Buffet, Eduardo Constantini (ver entrevista en la revista de Inversor Global) y muchos otros, el salto económico en su patrimonio fue realizado en épocas de crisis económicas y financieras.
 
Estamos ingresando a un mundo donde muchos culpan, se asustan y salen a vender negocios a cualquier precio para poner su dinero en lingotes de oro de un banco de Singapur o en cajas de seguridad de Suiza.
 
Muchos otros actúan responsablemente y esperan con los colmillos afilados beneficiarse de los que se vienen equivocando feo y dicen no querer correr más riesgos. ¿A qué grupo preferiremos pertenecer?
 

Manteniéndonos atentos, confiando en nuestros instintos y actuando para reducir el riesgo pero no para eliminarlo por completo seguramente podremos estar felicitándonos allá por 2011 por haber comprado acciones, propiedades o negocios enteros a precios de remate.