Reflexiones sobre Microsoft y mi cumpleaños

Cada vez que se acerca mi cumpleaños me gusta calcular cuánto dinero tendría mi padre si hubiera invertido 5.000 dólares en la empresa de Bill Gates el día que nací. Esta costumbre proviene del hecho de que Microsoft tiene mi misma edad. Conclusión: ¡hoy tendría 15,6 millones de dólares!

Bill Gates decidió fundar Microsoft en 1975. El 25 de septiembre de aquel año nací yo. Esa coincidencia me condujo a este sano vicio de seguir la evolución del precio de las acciones de Microsoft, especialmente cuando se acerca la fecha de mi cumpleaños.

Microsoft es el mejor ejemplo actual de una empresa innovadora. Hoy todas las computadoras del mundo utilizan sistemas creados por la compañía. Pensar eso 33 años atrás era simplemente ciencia ficción.

Ya la idea de que algún día habría una computadora por persona sonaba a locura, pero todas las grandes ideas cuando surgen parecen delirantes. Y la de Bill no fue la excepción…

Lo concreto es que como buen fanático de las inversiones, esta inmensa creación de valor en relativamente poco tiempo me conmueve. De allí, este ejercicio de comparar el precio de la acción en cada aniversario con el de su origen.

Lo que complica en cierto punto el cálculo es que Microsoft en 1975 era una empresa privada. Es decir, no cotizaba en Bolsa sino que era una pequeña firma creada por dos estudiantes de Silicon Valley. Por lo tanto, no era sencillo convertirse en inversor de aquella empresa.

Inversores ángeles

Dejemos volar nuestra imaginación y supongamos que tuvimos la suerte de vivir cerca de Bill y ser inversores ángeles de Microsoft. (Recordemos, los inversores ángeles son aquellos que invierten en empresas que están naciendo con el objetivo de ayudarlos no sólo con dinero sino también con conocimientos y experiencia para que la empresa crezca exponencialmente).

Ahora sumemos un segundo supuesto a nuestra historia: en su momento, invertimos US$ 5.000 en la empresa. Y un tercero: antes de salir a cotizar en Bolsa en 1986, Microsoft multiplicó su valor por 10, incrementando nuestro capital hasta los US$ 50.000.

Pensamos en semejante expansión porque al fin y al cabo es la que esperan los inversores ángeles cuando posan su mirada en una firma con futuro.

Bajo estos supuestos, en 1986 nos habrían correspondido 625.000 acciones de Microsoft, cuyo debut en Bolsa fue a un precio equivalente a 8 centavos de dólar por papel.

Dado que hoy las acciones de la empresa cotizan en torno a los 25 dólares, ¡nuestra fortuna debería ascender a unos US$ 15,6 millones!

Puedo simplificar el análisis modificando los supuestos: imaginemos que decidimos invertir en la empresa recién cuando salió a Bolsa. Si le hubiéramos destinado US$ 5.000 en 1986, ¡hoy tendríamos US$ 1,5 millón o más!

Es importante remarcar que invertir en Microsoft en 1978 o 1986 hubiera sido muy difícil. Principalmente por dos causas:

Por un lado, no existía información o ésta era muy escasa. Viviendo en Argentina y no al lado de lo de Bill Gates, ¿cómo podía hacer mi padre para enterarse de la existencia de una empresa con enorme potencial que estaba naciendo en Estados Unidos?

Por otra parte, no existían instrumentos financieros que facilitaran el acceso a empresas de ese tipo para el pequeño inversor.

Hoy, si bien demandan evaluaciones concienzudas, este tipo de inversiones son posibles y, de hecho, están al alcance de nuestras manos.

Los clubes

Actualmente existen muchos clubes de inversores ángeles. El Club de Inversor Global es una buena muestra de ello. En el club buscamos empresas con altas perspectivas de crecimiento.

Otra posibilidad la ofrece Internet: mediante los brokers online es mucho más fácil comprar acciones de empresas de todo el mundo sin importar su tamaño.

Además, por la Web llueve la información sobre nuevas empresas con grandes perspectivas.

Mi conclusión es que todos debemos dedicarle un poco de tiempo a buscar la Microsoft del futuro si queremos conseguir buena rentabilidad para nuestras inversiones. Los recursos están al alcance de nuestras manos.

¡Hasta la próxima!

Federico

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