El caso Lehman Brothers: explicaciones y consecuencias

Al cierre de la última semana los mercados se mostraban moderadamente optimistas con relación a los temores más recientes. Tras el salvataje de Fannie Mae y Freddie Mac, la noticia de que se estaban llevando a cabo reuniones de alto nivel sobre el futuro de Lehman Brothers permitía imaginar una probable solución a los problemas financieros del cuarto banco más importante de Estados Unidos.

Pero en esta ocasión, las reuniones del fin de semana tuvieron un final diferente. En cuanto se anunció que no habría apoyo gubernamental al plan de salvataje, muchos de los bancos que estaban participando de las negociaciones se levantaron de la mesa.

El golpe final lo dio con su salida el banco inglés Barclays, aunque -insistimos- el punto decisivo en esta negociación tuvo que ver con la negativa del gobierno norteamericano de garantizar los riesgos de la operación.

La gran mayoría de las instituciones de Wall Street están enfrentando problemas evidentes de financiamiento y difícilmente se encuentren en condiciones de arriesgar capital si no cuentan con un seguro proveniente del sector público. Sabiendo esto, nos preguntamos: ¿Por qué las autoridades decidieron no apoyar el salvataje de Lehman, como sí lo hicieron con Bear Stearns?

Riesgo moral y riesgo sistémico

La industria financiera es muy diferente a cualquier otra actividad económica. La confianza en los bancos es definitivamente su principal activo.

No existe un sólo banco en el planeta que sea capaz de cumplir con todas sus obligaciones si éstas le son exigidas al mismo tiempo y sin previo aviso.

Al respecto, si se produce una crisis de solvencia en un banco, siempre existe la posibilidad de que los inversores decidan retirar también sus depósitos de otras instituciones, impulsados por el temor que genera el caso de insolvencia.

Un banco con un balance sólido y una política financiera razonable puede verse en problemas cuando la desconfianza envuelve al sistema bancario.

A este fenómeno se lo conoce como “riesgo sistémico” y refiere al riesgo de que a partir de un hecho puntual se genere una crisis que afecte a todo el sistema y no sólo al primer protagonista.

Por este motivo es que el gobierno estadounidense decidió tomar la responsabilidad de salvar a ciertas instituciones y combatir el pánico de los inversores para que no hubiera corridas que alcanzaran a todo el sistema.

Sin embargo, cada vez que decide salvar a una institución el Estado asume un importante costo político y un aumento de lo que se conoce como “riesgo moral”: el peligro de que los bancos asuman estrategias financieras imprudentes especulando con la posibilidad de que, llegado el caso, se los termine salvando con fondos públicos.

El espíritu del capitalismo

Queda claro que la opinión a favor de que el fisco deba hacerse cargo de los errores de los privados se aleja del espíritu capitalista y de libre empresa predicado en Wall Street.

Además de monetario, cada salvataje tiene un costo importante en términos de contenido ético y de señales que se dan a los mercados.

En este sentido, creemos que el Tesoro de EE.UU. trazó una frontera en el debate al no respaldar un eventual salvataje de Lehman: le puso punto final a la política de priorizar el riesgo sistémico en perjuicio del riesgo moral.

Pueden ensayarse muchas explicaciones acerca del momento en que se tomó la decisión oficial, sean centradas en el tamaño del banco, los lazos financieros entre las diferentes entidades, el momento en que se produce el problema, etc., pero lo cierto es que ninguna suena del todo convincente.

Da la impresión de que en algún momento había que poner un freno a la política de salvatajes y así se hizo. De aquí en adelante, los bancos operan bajo su propia responsabilidad, por lo que no sería de extrañar que surjan nuevos inconvenientes en otras entidades.

Nos esperan precios volátiles…

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