Cómo aplicar correctamente una estrategia de valor

Warren Buffet y sus seguidores que, precisamente, no son pocos y han logrado, en muchos casos, retornos similares o incluso bastante superiores a los del propio maestro, han generado toda una filosofía de inversión que es, probablemente, la más sólida en cuanto a su solidez conceptual y su capacidad para generar resultados extraordinarios.

Por este motivo, muchísimos inversores individuales alrededor del mundo toman como guía para sus decisiones los principios expuestos por estos grandes del mundo de los negocios.

Sin embargo, como con cualquier otra estrategia, existen errores muy comunes que deben ser comprendidos y superados si se pretende invertir de la mejor manera posible. Uno de ellos es la falacia de los costos hundidos.

Uno de los aspectos más notables de la filosofía de valor consiste en separar la evaluación de un valor intrínseco para un activo y su precio de mercado. Se trata, básicamente, de invertir en activos cuyo valor sea superior al precio de mercado, con la confianza de que tarde o temprano ambos tenderán a converger.

Esto ha generado conductas entre los seguidores de esta filosofía que muchas veces difieren del accionar que sigue e resto del mercado. Son famosos los ejemplos del retorno que obtuvo Buffet comprando acciones de American Express cuando su precio caía en picada, o la ganancia de 12 veces el precio pagado que obtuvo Peter Lynch invirtiendo en Nike durante la crisis de 1987.

Claramente, adquirir un activo cuando el precio baja es una de las conductas rectoras de muchos inversores de valor. La lógica detrás de esta conducta es la siguiente: si la acción era una buena oportunidad al precio original, es una mejor oportunidad a un precio más bajo.

Esto se debe a que su valor intrínseco no ha caído, mientras que el precio sí lo hizo. En consecuencia, el retorno esperado cuando el precio converja con el valor es, ahora, más elevado.

Sin embargo, muchos inversores hacen un uso simplificado e incorrecto de estos principios. En algunos casos, se pueden encontrar incrementando exposición a una acción por el simple hecho de que su precio de mercado bajó desde el momento de compra, o deciden que no van a liquidar la posición hasta no volver a encontrarse con la posibilidad de vender al mismo precio que compraron.

Esta forma de aplicar la estrategia es incompleta y muy peligrosa, no es el precio de entrada el que le indica si debe mantener o no una posición, sino la diferencia entre el precio actual y el valor intrínseco de la acción.

El precio que se paga por ella es lo que los economistas llaman costo hundido, es decir, un costo irrecuperable que nada tiene que ver con la decisión actual acerca de cómo administrar una determinada posición.

La comparación entre precio y valor actual no tiene absolutamente nada que ver con el precio que se paga en su momento (puede que sí, pero en ese caso será una mera casualidad), Quienes pretendan aplicar con éxito la estrategia de valor, deberán ser bien conscientes de los principios sobre los que se fundamenta, para evitar errores.