Prat Gay Imperdible

Excelente la entrevista que le hizo Perfil a Alfonso Prat Gay. Me parece una persona muy inteligente, combina muy bien el pensamiento independiente con el respeto por la realidad que se expresa en los hechos. Una virtud poco común entre economistas e intelectuales.

Algunos fragmentos de la entrevista

—¿Hay que moderar la demanda porque “más vale crecer al 6% pero con una inflación más baja y no como la actual, que supera 20% anual”?

—La inflación, que bien medida ronda el 20%, es un síntoma de que la economía está recalentada y que si no se hace algo eventualmente se va enfriar sola y de una manera mucho más abrupta de lo que sería necesario. Es más sano crecer al 6% con una inflación del 5% que insistir en crecer al 9% cuando las condiciones, la oferta y demanda ya no lo permiten y la consecuencia es una inflación del 20%.

—¿Nada más regresivo que la inflación y ella es la principal causa del empeoramiento de la distribución de la renta?

—En el largo plazo, eso es así. En el corto plazo, lo que hay es una tensión entre el crecimiento y la inflación y los instrumentos de política económica disponibles para que uno vaya eligiendo en qué lugar se coloca. Si queremos crecer más rápido de lo que podemos, el costo será una inflación alta. En Latinoamérica hay países que optaron por la estabilidad de precios: México, Brasil, Chile, y otros que optaron por crecer a cualquier costo, y entre esos países están Venezuela y Argentina. Crecer a cualquier costo es maximizar los réditos de corto plazo, pero pone en riesgo el mediano plazo.

—Ud. dijo que el Banco Central “debe preservar la estabilidad del peso, no la del dólar”. ¿La inflación la genera el Banco Central?

—No lo digo yo, lo dice la Carta Orgánica del Banco Central en su artículo 3: la facultad de emitir moneda es otorgada constitucionalmente al Congreso por la Ley de Carta Orgánica; el Congreso delega esa facultad al Banco Central. Y sí remarco que ella habla de estabilidad del peso, no del dólar. Está arraigado en las mentes de los argentinos que estabilidad monetaria es igual a estabilidad del tipo de cambio o igual a estabilidad del dólar. Pero es una muestra clara de lo que siempre nos faltó: moneda propia, estable y sana.

—Porque para el Presidente era más importante un dólar alto que controlar la inflación.

—No hablamos de un dólar alto en ese momento; sí creo que el Presidente no tenía conciencia del daño que iba a causar la inflación si el Banco Central no era totalmente independiente. El Presidente en ese momento no entendía no sólo la ventaja técnica sino la política de una inflación baja. El día que me fui le dije: “Temo que usted termine teniendo un problema político por la inflación”. Cuando yo me fui, la inflación era del 5%.

—Usted dijo: “Se manipulan los índices todos los meses para evitar que se reduzca esa quita”.

—Lo dije en función de comentarios que hicieron algunos funcionarios y algunos candidatos presidenciales. Hoy, el 40% de la deuda está ajustada a la inflación, mientras que los pagos del cupón atados al PBI, por lo menos en el corto plazo, son pequeños. Por cada punto adicional de inflación se tienen 3.000 millones de dólares más, mientras que cada punto adicional de crecimiento cuesta alrededor de 300 millones de dólares, una relación 10 a 1. Cuando se negoció la deuda, hubo muchos abogados de los acreedores preocupados por escribir el prospecto de manera tal del que el Gobierno no pudiera manipular el índice de crecimiento y se olvidaron de mirar el costado de la inflación que era mucho más importante.

—¿“Si no fuera por la billetera de Chávez no llegaríamos a cubrir los compromisos del mes”?

—Eso lo dije concretamente por el mes de agosto, donde hubo una concentración de vencimiento de deuda con organismos internacionales junto a vencimiento de Bodén de casi 3.000 millones de dólares. En ese momento no había caja para pagar casi US$ 4.000 millones y estaban cerrados los mercados. Hubo que echar mano a bolsillos de distintas agencias del Estado y así y todo no alcanzó. Si no fuera por Chávez hubiera habido una dificultad de pago de deuda.

—¿Por qué la mayoría de la población no comprende que la devaluación fue un ajuste más salvaje que las reducciones de gasto público y salarios que hubieran sido necesarios para salir de la Convertibilidad menos traumáticamente?

—En este punto, como en tantos otros, Keynes tenía razón: el ser humano padece de lo que se llama normalmente ilusión monetaria y está mucho menos dispuesto a que le corrijan para abajo sus ingresos a que le aumente todo lo que gasta. Esto no es un problema argentino, es un problema del ser humano.

—Milton Friedman sostenía que una tasa de desempleo superior a la normal era el resultado de causas que impedían que el salario se ajustara a un nivel compatible con el pleno empleo. ¿La alta tasa de desempleo de fines de la convertibilidad reflejaba que a esos salarios las empresas argentinas no eran competitivas y por eso reducían personal?

—Sí, fue el costo de la ficción cambiaria durante los 90: deflación y desempleo.

—¿Se desacelera la economía mundial?

—Claro, se desacelera. Pero hay que distinguir por regiones. A Estados Unidos le llegó su propia hora de pagar su excesivo crecimiento en los últimos años, es un buen espejo donde nos podemos mirar. Allí el pedal vino por el sector inmobiliario, por las hipotecas y por el crédito que generó la expectativa de que los precios de las casas crecían para siempre. Eso permitió apalancar buena parte del consumo excesivo que tuvo Estados Unidos los últimos años. Se acabó ese combustible y vamos a un período en el que la tasa de crecimiento de Estados Unidos va a estar muy por debajo de la tasa potencial, esperemos que no sea negativa.

—Pero Estados Unidos es quien le compra a China.

—Es quien le compra a China y quien representa la cuarta parte de la economía mundial. Obviamente, su desaceleración tiene un impacto directo que es del aritmético sobre el promedio, pero además tiene un impacto de segunda ronda por la caída de la demanda de productos que vienen de otros lugares del mundo. Pero hay dos dimensiones, la coyuntural o cíclica del ajuste norteamericano, y la estructural, que es lo que está sucediendo en China, donde no podemos hablar de ciclo económico. En China hay un cambio demográfico que sucede cada dos o tres siglos. Usted ha escrito mucho sobre el tema. Tenemos esas dos fuerzas en pugna en la economía internacional, y lo que no podría haber dicho hace diez años y hoy me animo a decir: la economía internacional puede seguir creciendo aun con Estados Unidos en franca desaceleración. Por la estructura de la economía argentina y por lo que significa China para el precio de lo que nosotros producimos bien, es mucho más relevante la película que se está filmando en China que la que se está filmando en EE.UU.

—¿Cómo afectaría a China el drástico desaceleramiento de la economía norteamericana?

—Creo que producto de menos exportaciones a Estados Unidos habrá una moderación del superávit comercial en China.

—¿Podrían comprarnos menos soja?

—Eso es relativamente insensible al ciclo económico, tiene que ver más con esta urbanización y estos 30 o 40 millones de personas que van abandonando la economía de subsistencia para pasar a una economía de consumo.

—¿La crisis financiera de los últimos meses ya alcanzó su punto máximo o se podría esperar alguna turbulencia más aguda?

—Por errores, al corto plazo (en Argentina) corremos el riesgo de caer en una recesión, pero una vez sortead
o eso, si hacemos las cosas bien, son cielos claros. Si hoy tuviéramos los precios de los commodities que teníamos en promedio durante los 90, ya no habría superávit comercial. Este es un regalo que nos viene de arriba, aunque en cierta medida compensa la injusticia internacional para países como la Argentina en los últimos 60 años. Prebisch no estaba loco cuando hablaba de la periferia y del centro, tuvo razón durante 60 años, no se tiene más que ver el precio de las materias primas expresado en dólares constantes: una línea recta hacia abajo.

—Cavallo, en su reaparición la semana pasada en la Fundación Mediterránea, dijo: “Kirchner habla sobre economía con una ignorancia supina y está sin rumbo”. ¿Kirchner sabe de economía?

—Sí, sabe de economía. Sabe más que el político promedio, y sabe menos que el economista promedio. El problema es que le falta la visión de equilibrio general al Presidente. Viene de años de una economía provincial, en la que los problemas se pueden ir atacando secuencialmente. Tiene una buena visión de la administración provincial extrapolada a la economía nacional. Pero ahí se ve muy claramente que le falta visión de equilibrio general, en donde cada cosa que se toca está interrelacionada con otra, y en donde los problemas no se resuelven secuencialmente, sino en forma horizontal. La ventaja es que sabe y la desventaja es que sabe menos de lo que cree saber.

Andrés

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