“Hay varias luces amarillas sobre la economía”

Santiago Roca: La economía argentina crece pero existen algunas luces amarillas que indican que no lo hará por siempre, ¿cómo cree que evolucionará el país?

Jorge Avila: Si, hay varias tarjetas amarillas; la más importante hoy es el tamaño del gasto público que ha crecido de manera insostenible. En el 2002 estaba en el orden del 22% del producto bruto interno, o sea era poco mas de un quinto del valor de la producción argentina,  y hoy representa muchísimo más que eso. La media del gasto publico desde el año sesenta a esta parte, casi cincuenta años, está en el orden del 24,5%.Cuando el gasto publico se coloca claramente por encima del 25% en término de uno o dos años hay crisis, lo que implica default, devaluación, problemas bancarios. Lo escalofriante de todo esto es que el gasto publico viene aumentando a un ritmo tremendo desde el año 2002. En el 2005 llegó a 25% del producto pero en el 2006 ya se desbocó. El año pasado habría terminado, según estimaciones mías,  en cerca del 28% del PBI, que ya es insostenible, y este año según estimaciones mías avaladas por las de Jose Luis Espert, que es un especialista en gasto publico y que previó muy bien la crisis fiscal del 2001, ya se encuentra en 32% del PBI. Ese número es una locura, es explosivo, no va, no se puede mantener. El Gobierno debería antes del treinta de octubre planchar el gasto público. Viene creciendo a un ritmo del 40% anual, en pesos corrientes. A uno siempre le interesa medir el gasto en relación al valor de la producción y la producción sube por la inflación y por el crecimiento real. O sea, la actividad económica está creciendo más o menos entre un 15% de inflación, más 7% de crecimiento real, lo que da un 22%; el gasto va a un ritmo del 40%, es una locura. El Gobierno no debería echar a nadie ni bajarle el gasto a nadie; simplemente lo que tiene que hacer es decir: “Señores, el gasto que está muy alto lo dejamos ahí, no crece mas”. Si se hiciese eso en el termino de un año, a octubre del 2008, el gasto podría bajar a 27% del PBI, en la medida en que la economía siga creciendo y que tengamos una inflación del 15 por ciento. Si no, si sobreviniese una gran crisis internacional, o sea si se cayera el precio…

S.R.: De los commodities…

J.A.: Claro, si cayéramos en un escenario como ése, recesivo en el mundo, caeríamos en una situación parecida a la situación fiscal asfixiante de De la Rúa. Es muy grave, digo que es la primera tarjeta más que amarilla, roja. Luego hay otra tarjeta amarilla…

S.R.: ¿El de las reservas internacionales?

J.A.: Claro, porque están en US$ 40.000 millones pero lo que no se dice es que de ese monto hay un 35%, o sea unos US$ 15.000 millones, que directamente están alquilados. Se los coloca en Lebac y Nobac a los bancos, se le saca liquidez en pesos y con esa liquidez se compran dólares. Estamos pagando una tasa de interés sobre Lebac y Nobac a los bancos y eso puede terminar en un déficit cuasi fiscal. Pero esa es una visión optimista ¿y el día que haya una corrida contra los depósitos bancarios y los bancos quieran sus pesos para devolver los depósitos? El Banco Central no les puede decir “ustedes devuelvan Lebac y Nobac”… El Central va a tener que retirarlas, lo que incluye inyectar pesos y ahí automáticamente perdemos US$ 15.000 millones en reservas.

S.R.: ¿Hay alguna otra tarjeta amarilla?

J.A.: Si, es que el Gobierno Nacional tiene un superávit y a nivel global ya no hay superávit, porque las provincias cayeron en déficit. Pero si cayeran los precios de las exportaciones el superávit se desvaneciera, entonces el Gobierno debería ser muy consciente de eso y debería haber comenzado hace rato con una reforma tributaria, para que uno pueda tener un superávit interesante del 3% del PBI, pero no montado sobre las retenciones y el impuesto a los cheques, sino sobre más IVA, más Ganancias, internos, combustibles, que ya están muy altos. Es un tema muy difícil, porque el sector blanco está pagando impuestos muy altos y el sector en negro no paga nada. Hay que hacer que todos paguen. Según algunas estimaciones, el potencial aporte del sector en negro está entre el 30% y el 40% de la recaudación. O sea que hay un 30% o 40% de personas y empresas que no pagan impuestos, esos son los que tienen que pagar para mantener el superávit fiscal alto, sin retenciones ni impuesto al cheque. Esa es una reforma de largo aliento, es una reforma necesaria, pero que requiere un equipo económico. El Gobierno no tiene un equipo económico, es Kirchner el equipo económico.

S.R.: Existe un escenario de sobre imposición de impuestos en la Argentina, ¿cómo se podría solucionar?

J.A.: Hay ciertas cosas importantes que hay que hacer y todas fueron anunciadas en la década del 90 o en el año 2000. Primero, las provincias tienen que empezar a financiarse por sí mismas. Hay que cortar ese chorro de plata que va de la Nación a las provincias y que lleva a que allá haya dispendio de gasto y que por otra parte produce que los gobernadores se transformen en mendigos de la Nación. O sea, que sean empleados del Presidente de la Nación. Por ejemplo, José Luis Gioja, el gobernador de San Juan. Fue elegido democráticamente por el pueblo, pero al día siguiente pasó a ser empleado del Presidente de la Nación, porque no se anima a discutirle nada a Kirchner ¿Por qué motivo? Es una razón muy simple, porque 88 centavos de cada peso que gasta Gioja en la provincia de San Juan son girados por la Nación y en las provincias del norte son 92 centavos y 94 centavos. En la provincia media de la Argentina son 62 centavos. Entonces los gobernadores elegidos democráticamente son empleados del Presidente de la Nación y luego los legisladores provinciales también, porque a su vez ellos van en la lista del gobernador. Entonces yo creo que una reforma muy importante para que haya correspondencia fiscal en las provincias y algo que se llama uncountability, es decir que haya responsabilidad fiscal en el gasto.

S.R.: ¿Cómo ve los subsidios para mantener los precios? Se va creando un agujero negro, ¿no?

J.A.: Bueno, eso lleva a que el Gobierno sea el árbitro de todo. Finalmente el presidente Kirchner es el árbitro de todo: en las provincias porque le gira la plata a los gobernadores; luego las empresas de ferrocarriles, las de transporte de ómnibus y las eléctricas y las de gas van de rodillas a verlo a (al ministro de Planificación Federal)  Julio De Vido porque sino les mandan los subsidios quiebran. Así, todo el país está dependiendo del Presidente y sus ministros: está claro que ese es un sistema centralizado y autoritario que puede funcionar en años de crisis pero no en un sistema de largo plazo, no tiene nada de transparencia, ni de democrático, ni de descentralizado. A las empresas de ferrocarriles aunque vos le des un subsidio del doble que les das ahora, no van a invertir: ellos saben que tienen el subsidio hoy, saben que lo tienen mañana, en una de esas con suerte lo tienen el año que viene, pero invertir en vías y en locomotoras implica exponerse a recuperar el capital en veinte años. Entonces, ellos van a invertir en la medida en que tengan tarifas rentables y que no se devalúe, porque si se devalúa no se animan a subir las tarifas. En consecuencia, es vital no devaluar, es vital renegociar rápidamente los controles, poner la tarifa donde se debe poner, no de golpe, de a pasos, con el tiempo, teniendo en cuenta que los salarios ya han subido bastante. Y fundamentalmente asegurar que no se va a devaluar, porque cuando se devalúa se desmorona todo. Entonces, es primordial que haya estabilidad monetaria, o sea esas grandes reformas de las que hablaba antes son necesarias para atraer inversión, si eso no se hace la inversión va a ser mínima.