Conozca como sobrevivir a las burbujas financieras

En repetidas ocasiones a lo largo de la historia económica moderna, la sociedad en su conjunto debió enfrentarse a un fenómeno financiero con repercusiones sumamente negativas en el lugar de ocurrencia: las Burbujas Financieras.
Al producirse un fenómeno de exceso de inversión de capital especulativo se observan cambios significativos en el comportamiento de los agentes económicos que intervienen en los mercados financieros. Dicho comportamiento conduce, en forma agregada, a una retroalimentación en la sobre-valuación de los precios de los activos a partir del comportamiento maximizador de ganancias a nivel individual de cada uno de los agentes involucrados.
Bajo estas circunstancias se produce un “pacto de negación” entre los inversores y los analistas financieros, a raíz de los diversos estímulos que reciben dichos agentes para construir una realidad económica paralela a la que finalmente emerge al agotarse dicho proceso. Es un pacto de negación porque los participantes niegan su participación y su responsabilidad en el desarrollo del fenómeno especulativo y actúan negando la existencia del mismo.
Conocer cómo funciona este peligroso fenómeno, en cuanto al mecanismo de retroalimentación que persiguen sus participantes en post de ganancias fáciles y rápidas, puede ser la diferencia entre sobrevivir o no en un mercado cada vez más complejo.

¿Por qué se forman las Burbujas Financieras?
Las causas que generan la aparición de una burbuja financiera pueden ser muchas y variadas. El común denominador es un incremento en la percepción de expectativas futuras de retornos en las inversiones especulativas.
Dicha percepción puede ser disparada por buenas noticias económicas genuinas o por nuevas teorías económicas acerca de márgenes de ganancias y formas de hacer negocios (“nueva economía”).
El disparador puede ser también la participación de inversores desinformados (o con información de baja calidad) infiriendo cambios en la distribución de los futuros dividendos basándose en el movimiento de precios de las acciones generadas por traders informados.

La dinámica en la formación de las Burbujas.
Primero, el emisor original anuncia que la empresa promete altas tasas de dividendos, todavía no materializables, y se crea la percepción en el mercado de que la posibilidad de ocurrencia de dicho suceso es altamente probable. Los nuevos inversores basan su decisión en los fundamentals del mercado, con lo cual se da una situación de asimetría en la información.
Segundo, el emisor usa parte de los ingresos por la venta de nuevas acciones para pagar los dividendos prometidos a los primeros inversores. Esto provee evidencia concreta de la posibilidad de concreción de los proyectos de la compañía.
Tercero, se repite el proceso a precios mas altos y las ganancias esperadas siguen materializándose, y otras empresas “copian” el modelo exitoso de la pionera.
Cuarto, se llega a un nivel en el cual los altos niveles de ganancias esperadas son imposibles de alcanzar, y cuando las empresas decepcionan a los inversores con alertas, los precios comienzan a caer en picada.
Finalmente, el consenso del mercado es que no hay manera en la cual las empresas cumplan con sus pronósticos de ganancias y pago de dividendos, con lo cual los precios de las acciones se desploman transformando rápidamente (pueden ser solo cuestión de días) las ganancias en fuertes pérdidas.

El Rol de los Inversores
El primer agente económico (y quizás el más importante) es el inversor, o sea los oferentes de dinero, que concurren al mercado de capitales con un excedente monetario con el cual buscan obtener un rendimiento mayor a la renta ofrecida por los banco comerciales.
Estos inversores pueden ser tanto profesionales como trabajadores de supermercados, personas de la tercera edad o estudiantes que invierten el dinero que le dan sus padres. Según datos aparecidos en el periódico Wall Street Journal en Diciembre del año 2000, el 58% de las familias norteamericanas tenían en esa fecha algún tipo de activo que cotizaba en el mercado de valores de ese país, dato sumamente relevante si se compara con el magro 0,5% de familias argentinas en la misma condición.
Muchos de estos inversores confían plenamente en los brokers y dejan que los mismos manejen el destino de sus inversiones, decidiendo cuando comprar y vender acciones, bonos o fondos de inversión. Sin embargo, existe un alto porcentaje de los mismos que son los encargados de tomar las decisiones financieras.
El conjunto de decisiones tomadas por los brokers y los inversores son las que determinan las tendencias del mercado, los auges y caídas bursátiles, los pánicos y las euforias.

El Rol de los Analistas Financieros
Los analistas financieros, expertos de Wall Street, cumplen la función de examinar detenidamente el comportamiento de cada empresa y comunicar a los inversores que valores comprar y vender.
Los defensores de los analistas afirman con toda convicción que “Los inversores tenían que saberlo”, haciendo referencia a que no se necesita ser demasiado inteligente para imaginarse que un analista se encuentra presionado para vender valores de una empresa con la cuál el banco de inversión para el cual trabaja está cerrando un trato (de por ejemplo IPO) con ganancias enormes. El tema es que como todos estaban ganando dinero a más no poder, no resulta sorprendente que pocos se molestaran en preguntar si las cifras eran razonables.

Conclusión:
Las Burbujas Financieras son producto de una convergencia de múltiples variables. Donde la conducta negadora se observa en forma más nítida es en el comportamiento de los inversores, quienes simplemente se ven atraídos por el “dinero fácil” , pero también por los medios (televisión, diarios especializados, revistas); y más que nada por vecinos, amigos y familiares que les cuentan de sus hazañas bursátiles y sus ganancias rápidas.
Los inversores dejan de lado el comportamiento racional a la hora de analizar las distintas posibilidades de inversión y su riesgo, y niegan la posibilidad de ser responsables en alguna medida con su comportamiento a nivel agregado de la formación de las burbujas.
El estímulo para este accionar tiene motivaciones psicológicas y materiales. Con su conducta ávida de súper-ganancias, los inversores contribuyen a la formación y manutención de la burbuja gracias a factores psicológicos que hacen que los inversores asuman este comportamiento.
Por el lado de los analistas financieros, el estudio de su comportamiento se vuelve más difícil, teniendo en cuenta que se vulnera cierta ética profesional, ya sea consciente o inconscientemente, en donde es tan fuerte el poder del pensamiento prevaleciente durante el proceso que los pocos asesores financieros que tratan de alertar sobre los peligros del comportamiento de sus pares y de los inversores en general terminan marginados por los medios e incluso por las empresas cotizantes, que se niegan a proveer de información a tan “pesimistas” personajes.
En el caso de los analistas financieros, los estímulos más importantes para este accionar también son dos: por un lado se estudió la existencia de otro pacto, esta vez entre las empresas evaluadas y los analistas encargados de dicha evaluación, con el fin de emitir pronósticos por demás optimistas sobre rendimientos futuros. Por otro lado, los analistas mismos son presionados por sus superiores a la hora de evaluar empresas en las cuales la casa de inversión para las cuales trabajan tiene algún tipo de interés comercial.
Cualquiera sea nuestro rol en el mercado, tanto inversores o como asesores financieros, debemos conocer y estudiar profundamente estos fenómenos tan potencialmente dañinos para nosotros y para el resto de los participantes, y realizar una dura autócrita en cuanto a nuestro comportamiento y la razón por la cuál invertimos o aconsejamos invertir en determinada empresa o sector.
Finalmente, me interesa que no se malinterpreten las reflexiones vertidas en esta nota: las burbujas financieras, según lo expuesto, son parte del “folclore” económico y financiero, y por ende, no existe ninguna razón concreta para suponer que mágicamente dejen de existir.
Incluso en los tornados más salvajes existe lo que se llama el ojo de la tormenta: un lugar en el cuál se puede estar a salvo de los efectos devastadores del fenómeno estando incluso dentro del mismo. Encontrar ese lugar (que ahora sabemos que existe) y no ser arrastrados por la corriente, es al fin de cuentas, nuestra responsabilidad.

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