Research de la semana: Inversión y productividad para sostener el crecimiento

Al primer trimestre de 2006, el ratio Inversión/PBI (desestacionalizado a precios constantes) alcanzó 20,8% del producto y se espera que se ubique en 21,3% en el promedio del año. Si bien la inversión continúa en aumento, existe cierto consenso en cuanto a la necesidad de elevar dicho ratio para garantizar un crecimiento sostenible del producto. De este modo se pretenden evitar futuros cuellos de botellas en algunas ramas específicas (como la energética) y permitir que la oferta aumente vis-a-vis la demanda sin generar presiones inflacionarias.
Así, una cuestión central pasa por dilucidar cuál es el nivel de inversión necesario para alcanzar un crecimiento sostenido (de mediano y largo plazo) en torno al 4 o 5% anual.
Asimismo, resulta relevante determinar cuáles son las fuentes disponibles para financiar los niveles de inversión necesarios y qué rol puede jugar la inversión extranjera directa (IED) como complemento de la nacional. En este sentido resulta útil analizar los distintos procesos de crecimiento sustentable en otros países y las particularidades del caso argentino.
La productividad es la clave del crecimiento
El máximo nivel de producción de una economía -producto potencial- puede expandirse como consecuencia de tres factores: el crecimiento en la cantidad de personas en condiciones de trabajar (Población Económicamente Activa -PEA-), la suba en el stock de capital productivo y/o una mejora en la productividad total de los factores (PTF).
La PEA crece lentamente (1,5% anual promedio) y a un ritmo estable en el largo plazo, asemejándose a la tasa de crecimiento vegetativo de la población. Por consiguiente, resulta difícil lograr una expansión importante del producto potencial por esta vía.
En lo que concierne al capital productivo, la capacidad se amplía cuando la inversión supera las necesidades para compensar la obsolescencia y desgaste de los bienes de capital.
Por último, las variaciones en la productividad pueden reflejar mejoras tecnológicas o sencillamente un aumento en la eficiencia en la utilización de los recursos productivos ya existentes.
La expansión acumulada del PBI (+30% en el período 2002-2005) se explica básicamente por la incorporación de trabajadores al proceso productivo que aprovecharon los recursos de capital ociosos y, lógicamente, por la utilización más eficiente de esos recursos. De esta forma, el aumento del empleo y de la productividad explican 90% del crecimiento en el producto, mientras el aumento en el stock de capital -que sólo subió 5%- da cuenta del 10% restante.
Este ejercicio, al contabilizar todo el stock de capital y no sólo el efectivamente utilizado, sobredimensiona el crecimiento de la productividad ya que refleja tanto la mejor utilización como el mayor uso de los factores productivos. Resulta evidente que en contextos como el de 2002 (con interrupción en los medios de pagos, elevada capacidad ociosa, alto desempleo y desarticulación productiva) no se asignaban los recursos de manera eficiente.
Hacia adelante, y con crecimiento de los niveles de actividad, es lógico que continúen las ganancias de productividad, pero ya no serán las del período 2002-2005 (+5,3% anual acumulado). Por lo tanto, la inversión se vuelve fundamental, ya que para aumentar la producción será necesario incorporar no sólo mano de obra sino tambien el capital necesario para que la misma se vuelva operativa.
Para crecer en forma sostenida a un ritmo de 5% anual -con incrementos de productividad en torno de 2% anual- es necesario aumentar al menos 4% el stock de capital. Obviamente, para conseguir este porcentaje, la inversión debe más que cubrir la depreciación del stock.
Para mantener el stock de capital constante se requieren al menos 13 puntos del PBI y para aumentarlo en un nivel de 4% se necesitan al menos 9 puntos adicionales.
En resumen, para crecer sostenidamente al 5% anual es necesario un ratio Inversión/Producto (I/PBI) -a precios constantes- de al menos 22% e incrementos de la productividad de 2% anual. Este último objetivo optimista requiere de políticas específicas. En este sentido, se destacan la inversión en capital humano (educación y capacitación) y la investigación y desarrollo así como un entorno de relativa estabilidad para el desarrollo productivo.
La importancia de la productividad (PTF) es evidente: para mantener un mismo objetivo de crecimiento, cuanto menor sea la eficiencia más recursos se necesitan emplear. Por ejemplo, si la PTF crece sólo a 1% anual, el stock de capital debería aumentar un 6% anual, es decir un ratio I/PBI superior al 26%.
Además del nivel de inversión también resulta importante su estructura, que básicamente se divide en equipo durable de producción y construcción. Si bien una parte de ésta se destina a aumentar la capacidad productiva (por ejemplo la costrucción de plantas industriales y la inversión en infraestructura), también incluye la construcción de viviendas. Por lo tanto, un alza de la inversión, explicado básicamente por la construcción, no necesariamente implicaría un aumento en el stock de capital productivo.
En los últimos tres años la construcción representó en promedio 64% de la inversión, por encima del 60% registrado en el período 1993-2001. No obstante, a partir de 2005, se observa un comportamiento más cercano al histórico de los componentes de la IBIF. Actualmente la construcción representa 62% y el componente asociado a la inversión productiva crece a un ritmo similar al de la construcción de viviendas (18% i.a. en los primeros 4 meses del año).
El financiamiento
Otra de las cuestiones importantes es cómo financiar la inversión que permita sostener el crecimiento planteado del 5% anual. Para responder esta pregunta es útil centrarse en el ratio I/PBI a precios corrientes pues es el que refleja el verdadero costo de la inversión. El objetivo de al menos 22% a precios constantes se traduce entonces en una necesidad de por lo menos 23,5% a precios corrientes.
En 2005, el ahorro nacional bruto alcanzó el nivel récord de 23,7% del PBI, como resultado de un menor pago de remuneraciones a los factores de producción (por reducción en los intereses a partir del canje de deuda). En 2006, el efecto del canje se sentirá sólo en el primer trimestre y de ahí en adelante si el ahorro continúa en alza lo hará en detrimento del consumo. Sin embargo, en un contexto en el que el consumo crece a ritmo acelerado es necesario una mayor financiación del exterior.
Así, toma relevancia el aporte de la inversión extranjera directa (IED), pues además de funcionar como complemento de la inversión nacional, en términos generales, posibilita la incorporación de tecnología, incluso en aquellas operaciones que sólo implican el cambio de accionistas en las empresas. Durante el período 2002-2005 la inversión extranjera directa en nuevos emprendimientos (sin tener en cuenta los cambios de manos) aumentó 10% con respecto a los flujos durante el período 1992-2001. Claramente, si se considera toda la inversión y no sólo la denominada “greenfield”, los flujos recibidos durante la Convertibilidad fueron superiores a los del período actual. En aquel momento y a diferencia de la actualidad, mediante el proceso de privatizaciones, se registró un fuerte cambio de manos de la mayoría de las empresas pertenecientes al Estado, que si bien provocaron un aumento en la eficiencia, no es lo que técnicamente se considera como inversión en nuevos emprendimientos.
Por último, también es importante un sistema financiero que funcione como intermediario natural entre ahorro e inversión. Aunque los prestamos bancarios destinados al sector productivo crecieron 18,4% anual en términos reales en 2005 (sin considerar los préstamos al consumo), representan apenas algo más de 6 puntos del PBI. En un contexto donde tienden a agotarse la fuentes de generación interna de fondos, el sistema financiero y el mercado de capitales deberán adquirir un rol protagonico en la
provisión de fondos. Las experiencias internacionales confirman que la existencia de un sistema financiero desarrollado es un elemento central de todo proceso de crecimiento sostenido.