Construir hoy en pesos es el doble de caro que en 2001

La suba en el costo de la construcción se explica principalmente por los aumentos registrados en el precio de algunos insumos. En ese sentido, los materiales que acumulan las mayores alzas en los últimos tres años son los que tienen sus precios en dólares, como el hierro (que casi multiplicó por cuatro el precio, con una suba del 296%), los cables (287%) y los productos de cobre, plomo y estaño (280 por ciento).
Sin embargo, si se mide en dólares, construir en la Argentina hoy es un tercio más barato que en tiempos del 1 a 1. El dato no es menor, si se tiene en cuenta que, medido en dólares, el precio de las propiedades se mantuvo, e incluso en algunos barrios privilegidos de la Capital Federal y ciertas zonas muy precisas del Gran Buenos Aires los valores de las viviendas a estrenar están por encima de los que se pagaban antes de la devaluación del peso.
La indicencia es el valor que se desembolsa por un terreno, dividido por la cantidad de metros que se puede construir en ese lote, de acuerdo con la clasificación municipal que tenga el predio en materia de factor de ocupación del suelo (FOS) y factor de ocupación total (FOT).
Históricamente el terreno representaba en promedio el 20% dentro del precio final de un departamento, aunque a partir de la salida de la convertibilidad, y ante la falta de otras alternativas de inversión más atractivas, el valor de los predios registró una inflación en dólares y en algunos proyectos su participación ya trepa por encima del 30% del costo final de un emprendimiento.
Del buen momento que atraviesa el sector dan cuenta además las estadísticas oficiales sobre los pedidos de construcción en la ciudad de Buenos Aires.
En febrero último, este índice registró un alza de casi el 80 por ciento con respecto al mismo mes de 2005, y se ubicó apenas un 2,7 por ciento por debajo de enero de 2006, lo que también es considerado como un dato favorable.
En realidad, los permisos de edificación revelan las expectativas de inversión futura, aunque la obligatoriedad del trámite y su carácter oneroso los terminan convirtiendo en la expresión de una intención cierta de inversión, que trasciende la idea de proyecto.