La inversión de extranjeros en barrios caros de capital alcanza el 30%

Issel Kiperszmid, uno de los cuatro socios de la oficina de Alberto Alcocer en Argentina, tiene como objetivo principal llevar los emprendimientos en Argentina a clientes extranjeros. Su promotora, Dypsa, vendió más de la mitad de los departamentos de las dos torres que tiene en el nuevo Puerto Madero a residentes en el exterior, entre ellos españoles, alemanes, británicos, estadounidenses, chinos y japoneses. Por eso abrió una oficina en Madrid.
Una de sus competidoras, Fernández Prieto, tiene un 20 por ciento de clientes extranjeros. “Antes de la crisis, las compras de extranjeros eran insignificantes y ahora en Puerto Madero llegan al 30 por ciento, incluyendo argentinos en el exterior, y la incidencia también es alta en otros barrios caros como Recoleta, Barrio Norte y Palermo”, describe el director de la consultora Reporte Inmobiliario, José Rozados.
A diferencia de lo que ocurría en 2002, en plena crisis argentina, las viviendas de categoría de Buenos Aires ya han recuperado e incluso sobrepasado el precio que tenían cuando la economía estaba dolarizada. De ahí que en la actualidad, si bien los precios resultan mucho menores que en las grandes capitales europeas, quedan pocas “oportunidades”, según Iuri Izrastzoff, dueño de la inmobiliaria homónima.
Pese a la recuperación de los precios, el interés extranjero por propiedades porteñas continúa porque los valores siguen siendo accesibles para los clientes internacionales. Además, cada año Argentina bate sus marcas históricas de ingreso de turistas, algunos de los cuales se atreven después a comprar un piso.
La mayoría de los extranjeros que compra viviendas de alta gama lo hace sobre todo para alquilarlas a turistas – por 40 euros diarios, frente a los 250 que cuesta una habitación de un hotel de cinco estrellas, cuya capacidad está casi agotada – o a ejecutivos foráneos, con una rentabilidad anual que oscila entre un 6 y un 12 por ciento.