Siguen firmes los precios de alquileres en los campos argentinos

El derrumbe de la soja evidenciado a fines de 2004 y principios de 2005, la pérdida de rentabilidad o el alza de costos para producir no fueron factores suficientes para afectar los alquileres de campos en la pampa húmeda, que en quintales continuaron con valores altos, similares a los del año pasado o con una leve suba.

Los especialistas coinciden en que a pesar de la fuerte caída de la soja a comienzos de año, el mercado de arrendamientos siguió con una demanda sostenida que repercutió sobre los precios de los contratos. En los campos de terceros se hace algo más del 50 por ciento de la producción agrícola nacional.
Si bien no hay una única causa para explicar esta tendencia, los buenos rindes del maíz y de la soja en gran parte de la zona agrícola núcleo, que en muchos casos superaron los 10.000 y los 4000/4500 kilos, respectivamente, contribuyeron a que el mercado de alquileres se moviera al ritmo de estos resultados.

Más allá del factor rinde, el mercado de alquileres experimentó otros factores que contribuyeron a apuntalar los valores, tales como el interés de los inquilinos por no perder el campo que trabajan, una mayor demanda por parte de pooles de siembra y semilleros, la presunta necesidad de los productores por compensar con más escala los menores precios y las perspectivas de que la soja no caiga por debajo de su cotización actual.

Distinta es la situación en las “nuevas zonas” para la producción agrícola, como Salta y el Chaco, donde los arrendamientos han cedido un poco y en algunos casos se avanzó más hacia contratos a porcentaje por la cosecha.

Para algunos especialistas, el interés por alquilar siguió intacto porque hay mucha avidez por sembrar y no perder campos. Hay contratistas que tienen aceitado de hace años su equipo de trabajo y no lo quieren desarmar aun cuando perdieran un poco de rentabilidad. Para Pedro Nordheimer, gerente de Nordheimer SRL, el productor que logró una buena cosecha en la última campaña decidió alquilar más superficie antes que destinar su dinero a otra inversión. “Había perspectivas de una baja [en los alquileres], pero yo no la vi. Debido a que los rindes amortiguaron los precios, los productores que tuvieron una buena cosecha prefirieron invertir en sembrar más”, señaló.

Del lado de los productores, la opinión generalizada es que los alquileres continúan altos. Si bien en dinero el pago podría ser menor en algunos casos, por la baja de la soja, cuando la cuenta se toma en quintales salta a la vista la mayor incidencia de los costos y la necesidad de lograr más quintales para cubrirlos.